Pantematico
Amargo el ron y mi antipática simpatía.
Mi hermano siempre andaba astroso y curándose la cruda
debe ser de familia, nosotros somos una resaca constante y atrevida.
Nunca supe que era él en realidad, éramos más bien dos extraños.
Me esperaba afuera de la escuela donde trabajo
y nos saludábamos de manera distante.
Caminábamos en silencio todos los pasos de la escuela
a la casa de mi madre, y ahí lo despedía.
¿No te hechas un trago? Preguntaba ansioso.
Por lo menos pasa a saludar a mama.
Lo dejaba con la palabra en la boca y tomaba el camino abajo
a mi casa cerca de la de ellos.
Así recuerdo a mi hermano, así recuerdo que fue
la última platica que tuvimos,
así era él, nunca fue grande ni pequeño,
tampoco su plática era estimulante,
solo burdas palabras relacionadas al alcohol y al futbol.
Mi hermano era un tipo común y corriente
ordinario alguna vez trabajador, tan alcohólico como yo
nada en especial de qué hablar de mi prole.
Mi hermano y su mujer se quedaban en la casa de mi madre
él siempre sentado frente al televisor emborrachándose
y su mujer vendiendo fritangas para subsistir.
¡Que para cuidar a la vieja!, decía
Y mi pobre madre no sabía si llorar por el hijo desapegado
y por el que no se quería desapegar.
Ayer lo encontraron muerto en una calle
una congestión lo atrapo antes de llegar a ningún lado
Como todo en su vida
mi hermano era una radiografía de recuentos
con su playera desgastada de su equipo favorito
sus greñas alborotadas por todos lados
y todos los defectos que yo poseo.
¡Ahora extraño al cabrón!
Hoy estoy ante su ataúd que pague con mis poco ahorros
viendo las enormes nalgas de mi cuñada
tan apretadas y ceñidas de negro
y su angustia amarilla ¿Cómo pudo quererlo?
Cierro la tapa para que nadie vea su rostro
hinchado y golpeado
tengo la sensación de que el muerto soy yo
y que en cualquier momento me voy a levantar del ataúd.
Y me encabrono.
Me encabrono con él,
aun después de muerto siempre me lleva la ventaja.
Maldito cabrón, ¿valió la pena mientras lo disfrutaste?
Los Aves Marías del responso suenan
alguna acomedida decidió que es necesario rezar
no estoy de humor para eso
me duele la garganta, me duele el estomago
necesito algo fuerte.
Nunca creí que me dolería algo
pero es dolor en tierra quemada
punto y aparte en hoja en blanco
tristeza enquistada y
un puto trago mas por ti carnal.
Si tú me viste a mi, como yo te vi a ti
entonces somos tan iguales.
debe ser de familia, nosotros somos una resaca constante y atrevida.
Nunca supe que era él en realidad, éramos más bien dos extraños.
Me esperaba afuera de la escuela donde trabajo
y nos saludábamos de manera distante.
Caminábamos en silencio todos los pasos de la escuela
a la casa de mi madre, y ahí lo despedía.
¿No te hechas un trago? Preguntaba ansioso.
Por lo menos pasa a saludar a mama.
Lo dejaba con la palabra en la boca y tomaba el camino abajo
a mi casa cerca de la de ellos.
Así recuerdo a mi hermano, así recuerdo que fue
la última platica que tuvimos,
así era él, nunca fue grande ni pequeño,
tampoco su plática era estimulante,
solo burdas palabras relacionadas al alcohol y al futbol.
Mi hermano era un tipo común y corriente
ordinario alguna vez trabajador, tan alcohólico como yo
nada en especial de qué hablar de mi prole.
Mi hermano y su mujer se quedaban en la casa de mi madre
él siempre sentado frente al televisor emborrachándose
y su mujer vendiendo fritangas para subsistir.
¡Que para cuidar a la vieja!, decía
Y mi pobre madre no sabía si llorar por el hijo desapegado
y por el que no se quería desapegar.
Ayer lo encontraron muerto en una calle
una congestión lo atrapo antes de llegar a ningún lado
Como todo en su vida
mi hermano era una radiografía de recuentos
con su playera desgastada de su equipo favorito
sus greñas alborotadas por todos lados
y todos los defectos que yo poseo.
¡Ahora extraño al cabrón!
Hoy estoy ante su ataúd que pague con mis poco ahorros
viendo las enormes nalgas de mi cuñada
tan apretadas y ceñidas de negro
y su angustia amarilla ¿Cómo pudo quererlo?
Cierro la tapa para que nadie vea su rostro
hinchado y golpeado
tengo la sensación de que el muerto soy yo
y que en cualquier momento me voy a levantar del ataúd.
Y me encabrono.
Me encabrono con él,
aun después de muerto siempre me lleva la ventaja.
Maldito cabrón, ¿valió la pena mientras lo disfrutaste?
Los Aves Marías del responso suenan
alguna acomedida decidió que es necesario rezar
no estoy de humor para eso
me duele la garganta, me duele el estomago
necesito algo fuerte.
Nunca creí que me dolería algo
pero es dolor en tierra quemada
punto y aparte en hoja en blanco
tristeza enquistada y
un puto trago mas por ti carnal.
Si tú me viste a mi, como yo te vi a ti
entonces somos tan iguales.
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