Las fauces de la noche.

La luna vierte las sombras
de la ceniza enlutada.
En la brisa están viajando
mis sueños y tu desgana.
Mi corazón es un tic-tac
de relojes y almohadas
y mis miedos son dos soles
que se encienden y se apagan.
Una lágrima, un silencio,
un vomitar de sábanas,
arropan mi pensamiento
y desnudan mi esperanza.

A las puertas de mi cuerpo
un tigre de fuego llama
y a la altura de mi torso
sus garras enormes clava,
vertiendo la sangre fría
de la nieve que no sangra.
Rosas rojas se destiñen
en la blancura labrada.
Surcos de dolor encierran
doble palpitar de llaga.
Regando la tierra seca
de la noche que me empapa.
Los dos ojos del silencio
no me apartan su mirada.
La noche me está enguyendo,
ni huesos quedan al alba.
Sólo el duro pensamiento
que poco a poco me mata.
Que hermoso poema, aunque lo siento algo nostálgico guarda un no sé, quizá no tengo algo exacto para decirte, besos
 
Realmente bonito, Francisco. Verso a verso, metáfora a metáfora, tu poema consigue hacer sentir esas fauces devoradoras...Excelente e intenso, merece la pena que vuelva a ser leído. Un saludo cordial,
Eva
Muchas gracias.
Tus palabras son un alago.
Agradezco tu visita, tu comentario y tu lectura. Y de mas queda decir que vuelve a leerlo cuando gustes..
Un abrazo Eva ;)
 

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