Suspira en verde sayo la latebra,
tugurio intestinal del hunapú,
en tiempos que infamaba la culebra.
Escondida en la giba de un cebú,
le confiere al quiróptero nocturno
madeficar su sombra de tisú.
Tallada desde el bozo de Saturno,
hasta la torcedura de su dedo;
enluce si la piedra pisa alburno,
y sus fauces invocan carga y miedo.
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Las fauces del diablo son un conjunto de cuevas, ubicadas en el Edo. Anzoátegui - Venezuela. Hunapú fue una nación aborígen que usaba estas cuevas para reguardarse y huir de las leyes de la colonia.
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