Las flores blancas del cerezo

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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En la delgada línea del firmamento
las anguladas cimas se tornan frías,
sostienen a la figura del buitre
en la condena de aquella nieve eterna,
por donde los pasos de los hombres
serán solo hojas heridas del invierno.
Pero aquí lloran las flores del cerezo,
buscaron vida antes de tiempo,
y yo las miro mientras una a una
desconsoladas van cayendo al suelo,
van en busca de una primavera
que alocada llegó sobre el cauce del río,
con la inocencia de un niño desnudo
que desamparado busca refugio
en el vientre gris del recuerdo.
Bajo el telón del ciprés en el corazón
siento como tan solo soy un fracaso,
que lo que damos no vale la pena,
que hay casas llenas de gente ausentes,
y hay otras que sollozan vacías
en las noches donde los cristales
quedaron desdibujados por el vaho
del aliento que apenas me alcanza.
Quiero ver aquel trigal en la aurora,
a los corzos saltar sobre las espigas,
y aquel río, que sin prisa y sin desvelo,
con su cincel de cristal forjará
la arteria sinuosa de mi corazón,
dibujará a las nubes ennegrecidas
que inundarán de vida al campo en flor.
Y voy en busca de los hijos de los hijos,
a los padres de los padres,
y te encuentro viejo en la mañana
mientras con tus dedos imaginarios
vas arrancando los pétalos del corazón,
como con tu desidia desnudas
el salmo hermoso del cerezo en flor.
¡Y no sé si hay vida tras aquellas cimas
que moteadas dominan el horizonte!
No sé si la nieve también espera
a morir entre los silencios del río,
que el pinar perenne de cobijo al trigo,
pero aún lloran las flores del cerezo,
ellas buscaron vida antes de tiempo,
y yo sigo siendo aquel infeliz niño
que apurado y con sus manos abiertas
intenta atrapar todas las flores en su vuelo,
pero el invierno con su melodía
una a una las va recostando en el suelo,
mientras, el cauce del río sinuoso
da vida a las flores nuevas del cerezo.
 
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En la delgada línea del firmamento
las anguladas cimas se tornan frías,
sostienen a la figura del buitre
en la condena de aquella nieve eterna,
por donde los pasos de los hombres
serán solo hojas heridas del invierno.
Pero aquí lloran las flores del cerezo,
buscaron vida antes de tiempo,
y yo las miro mientras una a una
desconsoladas van cayendo al suelo,
van en busca de una primavera
que alocada llegó sobre el cauce del río,
con la inocencia de un niño desnudo
que desamparado busca refugio
en el vientre gris del recuerdo.
Bajo el telón del ciprés en el corazón
siento como tan solo soy un fracaso,
que lo que damos no vale la pena,
que hay casas llenas de gente ausentes,
y hay otras que sollozan vacías
en las noches donde los cristales
quedaron desdibujados por el vaho
del aliento que apenas me alcanza.
Quiero ver aquel trigal en la aurora,
a los corzos saltar sobre las espigas,
y aquel río, que sin prisa y sin desvelo,
con su cincel de cristal forjará
la arteria sinuosa de mi corazón,
dibujará a las nubes ennegrecidas
que inundarán de vida al campo en flor.
Y voy en busca de los hijos de los hijos,
a los padres de los padres,
y te encuentro viejo en la mañana
mientras con tus dedos imaginarios
vas arrancando los pétalos del corazón,
como con tu desidia desnudas
el salmo hermoso del cerezo en flor.
¡Y no sé si hay vida tras aquellas cimas
que moteadas dominan el horizonte!
No sé si la nieve también espera
a morir entre los silencios del río,
que el pinar perenne de cobijo al trigo,
pero aún lloran las flores del cerezo,
ellas buscaron vida antes de tiempo,
y yo sigo siendo aquel infeliz niño
que apurado y con sus manos abiertas
intenta atrapar todas las flores en su vuelo,
pero el invierno con su melodía
una a una las va recostando en el suelo,
mientras, el cauce del río sinuoso
da vida a las flores nuevas del cerezo.
Que nostálgico poema nos dejas, es grato volverte a leer, saludos
 
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En la delgada línea del firmamento
las anguladas cimas se tornan frías,
sostienen a la figura del buitre
en la condena de aquella nieve eterna,
por donde los pasos de los hombres
serán solo hojas heridas del invierno.
Pero aquí lloran las flores del cerezo,
buscaron vida antes de tiempo,
y yo las miro mientras una a una
desconsoladas van cayendo al suelo,
van en busca de una primavera
que alocada llegó sobre el cauce del río,
con la inocencia de un niño desnudo
que desamparado busca refugio
en el vientre gris del recuerdo.
Bajo el telón del ciprés en el corazón
siento como tan solo soy un fracaso,
que lo que damos no vale la pena,
que hay casas llenas de gente ausentes,
y hay otras que sollozan vacías
en las noches donde los cristales
quedaron desdibujados por el vaho
del aliento que apenas me alcanza.
Quiero ver aquel trigal en la aurora,
a los corzos saltar sobre las espigas,
y aquel río, que sin prisa y sin desvelo,
con su cincel de cristal forjará
la arteria sinuosa de mi corazón,
dibujará a las nubes ennegrecidas
que inundarán de vida al campo en flor.
Y voy en busca de los hijos de los hijos,
a los padres de los padres,
y te encuentro viejo en la mañana
mientras con tus dedos imaginarios
vas arrancando los pétalos del corazón,
como con tu desidia desnudas
el salmo hermoso del cerezo en flor.
¡Y no sé si hay vida tras aquellas cimas
que moteadas dominan el horizonte!
No sé si la nieve también espera
a morir entre los silencios del río,
que el pinar perenne de cobijo al trigo,
pero aún lloran las flores del cerezo,
ellas buscaron vida antes de tiempo,
y yo sigo siendo aquel infeliz niño
que apurado y con sus manos abiertas
intenta atrapar todas las flores en su vuelo,
pero el invierno con su melodía
una a una las va recostando en el suelo,
mientras, el cauce del río sinuoso
da vida a las flores nuevas del cerezo.
Que belleza de poema, me encanto.
Un placer, saludos.
 

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