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Poeta asiduo al portal
Las golondrinas de Marquelo...
Son tan terribles en su terreno,
que, llevan en gloria santa,
que, con su mal espanta,
siempre se llevan el heno,
por la puerta trasera,
siendo en primavera,
o verano, invierno,
quemadas al infierno,
llevando el traje de neopreno,
para que, en su cielo,
no se las vuelen, si al hielo,
las congelamos, bueno bueno...
Son aquellas finas golondrinas...
las que mecieron sobre su balcón,
anidando en el campo celestial,
con su cantar divino, cantar al halcón,
tampoco les trataron de puro eclesial,
pero, trajeron instrumentos:
sus voces tan guturales,
en sus mil y una noches culturales,
dando sendos cuentos al momento,
gráciles, y, bien hechizadas,
vivieron en su jardín,
con rosas y, un gran jazmín,
haciendo de acompañamiento, sus hadas,
las madrinas de las golondrinas de Marquelo...
Son tan terribles en su terreno,
que, llevan en gloria santa,
que, con su mal espanta,
siempre se llevan el heno,
por la puerta trasera,
siendo en primavera,
o verano, invierno,
quemadas al infierno,
llevando el traje de neopreno,
para que, en su cielo,
no se las vuelen, si al hielo,
las congelamos, bueno bueno...
Son aquellas finas golondrinas...
las que mecieron sobre su balcón,
anidando en el campo celestial,
con su cantar divino, cantar al halcón,
tampoco les trataron de puro eclesial,
pero, trajeron instrumentos:
sus voces tan guturales,
en sus mil y una noches culturales,
dando sendos cuentos al momento,
gráciles, y, bien hechizadas,
vivieron en su jardín,
con rosas y, un gran jazmín,
haciendo de acompañamiento, sus hadas,
las madrinas de las golondrinas de Marquelo...