Las heridas

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
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[TD="colspan: 2"]La madera, el hierro y la carne
aplastando sus materias en el impulso
de estampar semillas en el lodo, mientras amanece.
Es la súplica del sudor, convertida en maíz.
Mi padre llama al perro con un silbido de otro mundo
desde las cuevas de su lengua quemada, evaporado en los recintos de sal
de las hojas del árbol amargo de la mañana.
Lavémonos las manos sangrantes, soñemos que el sexo de la tierra
afloja los mostos desde sus racimos sin piedad,
desde las criaturas que nos superan en túneles,
apostemos por la ceguera de los topos que es más segura que la muerte.

Y me inclino sobre el pozo, los labios de alquitrán
enfrían la frente del desorden de una agonía saturada, la abstracta redondez
de humedades aisladas recita frescuras y brisas verticales,
ahogos suspirados penetrando las murallas de los infiernos del agua.
Mi padre llama al perro leproso que viene a lamer mis manos de niño.
Y el sol parece tan lejos, que sus rayos apenas mojan de luz el silencio
que se enciende solamente cuando se escuchan los chillidos de un cerdo recién castrado
y las bienvenidas del horror que mendigan en las médulas áridas del futuro,
los precipicios del hambre se llenan de repente con las edades del verdugo
que habita dos cuerpos desafortunados, unidos por un lazo de cromosomas.
Desde las cuevas de su lengua quemada por el alcohol, mi padre me dice
te amo
y empezamos a sembrar de nuevo las heridas del campo.[/TD]
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Última edición:
El dolor y el recuerdo caminan en estos versos de la mano; la aridez del destino y la espera de una cierto atisbo de luz en medio de un presente agónico se alían para engendar esta joya de poema, tan dramático como bello. Mis aplausos y estrellas a tu obra, querido amigo. Abrazos.
 
Profundos y bien hilvanados versos nos compartes, prisionero. Duelen un poco, es verdad, pero me gustan mucho por sus imágenes muy creativas. Un gustazo, como siempre leerte. Te dejo mi abrazo con estrellas y repu si me lo permiten.
 
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[TD="colspan: 2"]La madera, el hierro y la carne
aplastando sus materias en el impulso
de estampar semillas en el lodo, mientras amanece.
Es la súplica del sudor, convertida en maíz.
Mi padre llama al perro con un silbido de otro mundo
desde las cuevas de su lengua quemada, evaporado en los recintos de sal
de las hojas del árbol amargo de la mañana.
Lavémonos las manos sangrantes, soñemos que el sexo de la tierra
afloja los mostos desde sus racimos sin piedad,
desde las criaturas que nos superan en túneles,
apostemos por la ceguera de los topos que es más segura que la muerte.

Y me inclino sobre el pozo, los labios de alquitrán
enfrían la frente del desorden de una agonía saturada, la abstracta redondez
de humedades aisladas recita frescuras y brisas verticales,
ahogos suspirados penetrando las murallas de los infiernos del agua.
Mi padre llama al perro leproso que viene a lamer mis manos de niño.
Y el sol parece tan lejos, que sus rayos apenas mojan de luz el silencio
que se enciende solamente cuando se escuchan los chillidos de un cerdo recién castrado
y las bienvenidas del horror que mendigan en las médulas áridas del futuro,
los precipicios del hambre se llenan de repente con las edades del verdugo
que habita dos cuerpos desafortunados, unidos por un lazo de cromosomas.
Desde las cuevas de su lengua quemada por el alcohol, mi padre me dice
te amo
y empezamos a sembrar de nuevo las heridas del campo.[/TD]
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Bellas imagenes que llevan hacia un tristeza que se detiene y repite.
Su siembra anunciada sigue y llaga las hridas en mudez atenta y eterna.
felicidades. luzyabsenta
 
heridas que evocan
pesar y melancolía,
abrazos
demm
 
Última edición por un moderador:
Levanta mucha tristeza tus versos.,
Dolorosos recuerdos que absorben al lector.
Enhorabuena.
Un abrazo
 
Excelente. Son ya poemas desde la ubicuidad, porque dónde está el ser de la lengua que nos pulsa... dónde la realidad que quisiéramos fuera una para no sentir el vértigo. Algunos poetas como vos son ya maestros de los aires que nos giran y de las espirales de la luz, mientras caminan por la realidad fluída y trenzada con todos los espacios y tiempos que el artista del alambre pueda asir. Un abrazo estimado Marius.
 
Brillante. Un trabajo extraordinario, de un fondo conmovedor, narrando las heridas que incita a la memoria, evolucionando las imágenes crudas que fallecen en los ojos y se vuelven senderos pesados, tal vez necesarios para interrogar el pensamiento vital que las moldea. Los orígenes de las formas, que luego se enlazan, producen inquietantes sensaciones que reflejan una capacidad auténtica de transmisión y creatividad de nuevas vertientes. Siempre es muy grato quedarme lo necesario en tu poesía. Un abrazo compañero.
 

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