Voy por un puente romano, ajado, antiguo,
de piedras estresadas, milenarias, abovedadas,
y miro al cielo, oscuro, reflejado, son tus ojos,
y detrás el alma recuerda, los pasos, el viento,
y debajo esta el río, que es testigo, alto y frío,
sueña el pez y pinta el deseo el escribano,
nuestro disfraz, otoñal, nos ven y sonreìmos,
pasar el tiempo, que se para, cuando nos besamos,
y lloran las hojas de un árbol caído, robusto, caído,
y recogemos la semilla y soñamos, con otro día,
retratarnos otra vez en el espejo de la vida,
para ser un fiel reflejo de nuestro sentido perdido.
Se levanta la hoja espesa, y cae encima de tu mano,
los pétalos también están, escondidos, por tù belleza,
juegan la danza de este amanecer, y piden otra melodía,
un gracioso movimiento de tus pies, una eterna sonrisa
y el camino esparce la esperanza de un beso fugaz,
fìnamente encontrado en el suelo de la felicidad,
donde una hoja espera tu recuerdo, sentada en el tiempo,
y tu cuerpo descansa sobre la mirada de una hoja enamorada,
y cuando el otoño despierta la sed de tu boca,
el dìa entero se despide satisfecho,
por la suave timidez de tus palabras,
y el calor de tus mejillas doradas.
de piedras estresadas, milenarias, abovedadas,
y miro al cielo, oscuro, reflejado, son tus ojos,
y detrás el alma recuerda, los pasos, el viento,
y debajo esta el río, que es testigo, alto y frío,
sueña el pez y pinta el deseo el escribano,
nuestro disfraz, otoñal, nos ven y sonreìmos,
pasar el tiempo, que se para, cuando nos besamos,
y lloran las hojas de un árbol caído, robusto, caído,
y recogemos la semilla y soñamos, con otro día,
retratarnos otra vez en el espejo de la vida,
para ser un fiel reflejo de nuestro sentido perdido.
Se levanta la hoja espesa, y cae encima de tu mano,
los pétalos también están, escondidos, por tù belleza,
juegan la danza de este amanecer, y piden otra melodía,
un gracioso movimiento de tus pies, una eterna sonrisa
y el camino esparce la esperanza de un beso fugaz,
fìnamente encontrado en el suelo de la felicidad,
donde una hoja espera tu recuerdo, sentada en el tiempo,
y tu cuerpo descansa sobre la mirada de una hoja enamorada,
y cuando el otoño despierta la sed de tu boca,
el dìa entero se despide satisfecho,
por la suave timidez de tus palabras,
y el calor de tus mejillas doradas.
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