Venid a ver las hojas como danzan
en alabanza al raudo sol,
como brinca la luz cuando la alcanzan (3.6.10)
a capturar en su crisol. *
Imaginad sagradas amalgamas
de las esencias de la vida *
que suben por las venas de las ramas (2.6.10)
hasta la luz donde ella anida.
Milagro tantas veces reiterado:
en el verdor de dulce fronda,
en cada brizna del inmenso prado, (s)
del hondo mar en cada onda.
Me gusta conmoverme en lo pequeño,
dejar que crezca hasta sublime,
ver como en los abrazos del ensueño (1.6.10)
llega mi savia a que la anime.
Nota. La idea de estos serventesios 11-9-11-9 la he tomado de Gerardo Diego en su poema «Azucenas en camisa».
Estuve leyendo la biografía de
Manuel Antonio Caro, el poeta y filólogo bogotano que cita Domínguez Caparrós en su Diccionario de métrica española. Me interesó porque de todos los tratadistas existentes fue el único que denominó «
eneasílabo de canción» al verso de nueve sílabas y esquema 4.8. (versos *) Creo que hiló demasiado fino en ese sentido, por eso todos los eneasílabos que llevan acentos en las sílabas pares ─incluidos, por supuesto, los de Caro─, se denominan «
eneasílabos yámbicos», independientemente de los extrarrítmicos en sílabas impares, como el último verso de tu hermoso poema.
Por cierto, yendo al poema, que es lo que nos interesa... En ocasiones como esta es cuando uno se siente afortunado de dominar la versificación por cláusulas, ya que de otra manera tal vez saldrían esperpentos rítmicos, mixturas métricas incompatibles entre sí. Hay que saber para poder lograr la amalgama perfecta entre modelos tan dispares, tal como lo hizo Diego, y ahora tú, en emulación del hallazgo.
Está claro que los eneasílabos yámbicos pueden ser lo suficientemente simétricos como para no cuestionarlos en este contexto rítmico, donde vibran con igual intensidad los endecasílabos sáficos, uno solo en el poema (s), y también los endecasílabos tradicionales; de hecho, en esta muestra te has paseado por toda la gama existente, menos, por supuesto, por los que no caben: los chuecos y los dactílicos, jejeje
Celebro la invitación a contemplar desde tus ojos esos milagros, porque el poema se aleja de la rutina descriptiva. También me regocijo en el delicado vuelo y la altura que has alcanzado, mucho más refinado y lírico que el que acostumbras.
Como para no irme liso, te diré que el verso «
en el verdor de dulce fronda» no me gusta, tal vez porque extraño un artículo. Tal vez «
en la verdura de la fronda», «
en la espesura de la fronda», qué sé yo.
Gracias por compartirnos este interesante trabajo.
Me alegra verte en tan excelente forma.
Un abrazo, hermano mío.