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Las horas

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
He pulsado tantas veces esta hache, tantas.
Me miró hacerlo con veinte años menos
en la Olivetti descarrilada. Su funeral fue solitario, en un río
de negrura a ras de suelo. No pulsó los peces que ahora
imagino; se cubrió de algas sin la oración de nadie.
El papel no gritó mientras lo consumía el fuego.
El niño que mirabas, sí. Era un papalote, un cometa
que se te escapó de las manos. Ahora solo te tengo a ti.
Ya no sonríes al coincidir en esta convergencia,
pero levantas la mano con un saludo casi de cariño,
si no fuera lástima, apego a creer que me buscas
y que al fin me has encontrado.
Yo solo te tengo a ti; tú, a nadie.
Hola, amigo. Solo por el pronóstico del clima me he quedado,
por algunos libros que leíste, por una o dos chicas
de las que te enamoraste y que ahora hablan de ser abuelas.
He tratado de modular la voz, de bajarla dos tonos,
pero ya casi todos me llaman señor.
No es una tragedia, pero me pregunto: ¿Señor de qué?
No de las moscas de Golding, no de las vulgares de Machado.
De las que no entran en la boca cerrada
sino en los ojos abiertos, de las pupas de mirar al mundo,
de las larvas de la memoria, de los dípteros tornasolados
que me pudren el corazón y los nombro mariposas.
De tener buena letra lo llamaría lirismo, pero es hipocresía.
Un hipócrita frente a un marco sin espejo
para inventar lo que mirar no puede.
Las horas pasan y no me llevan, muchacho que buscas
un papalote entre las ramas secas del cielo.
También a ti te borraron. No hay nada para llevar.

21 de abril de 2022
 
Última edición:
He pulsado tantas veces esta hache, tantas.
Me miró hacerlo con veinte años menos
en la Olivetti descarrilada. Su funeral fue solitario, en un río
de negrura a ras de suelo. No pulsó los peces que ahora
imagino; se cubrió de algas sin la oración de nadie.
El papel no gritó mientras lo consumía el fuego.
El niño que mirabas, sí. Era un papalote, un cometa
que se te escapó de las manos. Ahora solo te tengo a ti.
Ya no sonríes al hayamos en esta convergencia,
pero levantas la mano con un saludo casi de cariño,
si no fuera lástima, apego a creer que me buscas
y que al fin me has encontrado.
Yo solo te tengo a ti; tú, a nadie.
Hola, amigo. Solo por el pronóstico del clima me he quedado,
por algunos libros que leíste, por una o dos chicas
de las que te enamoraste y que ahora hablan de ser abuelas.
He tratado de modular la voz, de bajarla dos tonos,
pero ya casi todos me llaman señor.
No es una tragedia, pero me pregunto: ¿Señor de qué?
No de las moscas de Golding, no de las vulgares de Machado.
De las que no entran en la boca cerrada
sino en los ojos abiertos, de las pupas de mirar al mundo,
de las larvas de la memoria, de los dípteros tornasolados
que me pudren el corazón y los nombro mariposas.
De tener buena letra lo llamaría lirismo, pero es hipocresía.
Un hipócrita frente a un marco sin espejo
para inventar lo que mirar no puede.
Las horas pasan y no me llevan, muchacho que buscas
un papalote entre las ramas secas del cielo.
También a ti te borraron. No hay nada para llevar.

21 de abril de 2022
Con que seas el señor de tus letras ya es bastante. Un abrazo, Pedro.
 
Así pasa la vida mi querido Pedro, a veces parece que no la hemos vivido y ya nos llaman
señora!! Lo bueno es echar la vista atrás y llenarnos otra vez de todo lo que se vivió, en
esa última etapa todo se paladea más. Un poema que deja ese gran gusto en el alma.
Gracias por ello mi niño. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 
He pulsado tantas veces esta hache, tantas.
Me miró hacerlo con veinte años menos
en la Olivetti descarrilada. Su funeral fue solitario, en un río
de negrura a ras de suelo. No pulsó los peces que ahora
imagino; se cubrió de algas sin la oración de nadie.
El papel no gritó mientras lo consumía el fuego.
El niño que mirabas, sí. Era un papalote, un cometa
que se te escapó de las manos. Ahora solo te tengo a ti.
Ya no sonríes al coincidir en esta convergencia,
pero levantas la mano con un saludo casi de cariño,
si no fuera lástima, apego a creer que me buscas
y que al fin me has encontrado.
Yo solo te tengo a ti; tú, a nadie.
Hola, amigo. Solo por el pronóstico del clima me he quedado,
por algunos libros que leíste, por una o dos chicas
de las que te enamoraste y que ahora hablan de ser abuelas.
He tratado de modular la voz, de bajarla dos tonos,
pero ya casi todos me llaman señor.
No es una tragedia, pero me pregunto: ¿Señor de qué?
No de las moscas de Golding, no de las vulgares de Machado.
De las que no entran en la boca cerrada
sino en los ojos abiertos, de las pupas de mirar al mundo,
de las larvas de la memoria, de los dípteros tornasolados
que me pudren el corazón y los nombro mariposas.
De tener buena letra lo llamaría lirismo, pero es hipocresía.
Un hipócrita frente a un marco sin espejo
para inventar lo que mirar no puede.
Las horas pasan y no me llevan, muchacho que buscas
un papalote entre las ramas secas del cielo.
También a ti te borraron. No hay nada para llevar.

21 de abril de 2022

Pedro, amigo. Me gustó mucho tu trabajo. Un abrazo.
 

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