JFelipe
Poeta que considera el portal su segunda casa
Velo negro y cobalto,
abrigan tus pestañas entornadas,
sin ningún sobresalto,
palabras y miradas
dormidas en el rostro, agazapadas.
Al asalto mis besos
profanando lascivos tu mudez
arrebatan confesos,
aliviados tal vez,
tus sueños, el ardor, la timidez.
Atado el cuerpo, inerme,
ceñido está en mis brazos suplicante;
se inflama, ya no duerme,
la sangre que vibrante
galopa hacia un abismo delirante.
La entrega es el reposo
del ego en un anónimo impreciso,
estrecho, tenebroso,
redimido y sumiso.
La puerta de un oscuro paraíso.
Por las cimbradas crines
de los cerrados párpados aflora,
burlando sus confines,
el llanto que decora
de dicha tu mejilla seductora.
¡Torrente de alegría!
Tu alma libre, a mi pálpito se anuda;
penetrable y vacía,
sosegada y sin duda
¡Abierta a su señor! ¡Feliz! ¡Desnuda!
Última edición: