José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
Miro al cielo
escudriñando a lo lejos las falsas
y manipuladas luces del firmamento.
A modo de visera
coloco mi mano sobre los ojos.
La luz me ciega.
Luz que no me deja ver
la verdadera historia que se sucede
con fondo de azul inmenso.
No veo gran cosa,
el polvo de arena que arrastra el viento,
se incrusta en el iris con dolor intenso.
Acudo a la fuente de agua clara
para lavarme los ojos de la arena hiriente.
Y descubro un fondo oscuro,
donde una luz cegadora refleja la baraja marcada
de tahúres indolentes.
Todo se llena de pesimismo,
nada es lo que parece,
la luz sobre la luna ya no acontece.
Ya no miro más al cielo,
su azul celeste no es verdadero.
Las gaviotas en vuelo opacan la claridad celeste.
Del rosal caído los capullos emergen divididos.
Urgen ahora filtros de colores cálidos
que regeneren la luz blanca de la esperanza ausente.
No caigamos en un pozo cegado y aciago
empujados por cantos de sirenas y brisas frescas de verano.
Son errores provocados con tintes grises y morados de colores fríos,
que nos provocan frescor en el calurosos estío.
Y antes que llegue el invierno, el otoño desnudará nuestros sueños,
para cuando se muestre y arrecie el verdadero frío
el crudo invierno helará las esperanzas
y congelará los mares y los ríos.
Quiero volver a sentir la luz blanca y transparente,
y volver a creer en las luces del firmamento.
escudriñando a lo lejos las falsas
y manipuladas luces del firmamento.
A modo de visera
coloco mi mano sobre los ojos.
La luz me ciega.
Luz que no me deja ver
la verdadera historia que se sucede
con fondo de azul inmenso.
No veo gran cosa,
el polvo de arena que arrastra el viento,
se incrusta en el iris con dolor intenso.
Acudo a la fuente de agua clara
para lavarme los ojos de la arena hiriente.
Y descubro un fondo oscuro,
donde una luz cegadora refleja la baraja marcada
de tahúres indolentes.
Todo se llena de pesimismo,
nada es lo que parece,
la luz sobre la luna ya no acontece.
Ya no miro más al cielo,
su azul celeste no es verdadero.
Las gaviotas en vuelo opacan la claridad celeste.
Del rosal caído los capullos emergen divididos.
Urgen ahora filtros de colores cálidos
que regeneren la luz blanca de la esperanza ausente.
No caigamos en un pozo cegado y aciago
empujados por cantos de sirenas y brisas frescas de verano.
Son errores provocados con tintes grises y morados de colores fríos,
que nos provocan frescor en el calurosos estío.
Y antes que llegue el invierno, el otoño desnudará nuestros sueños,
para cuando se muestre y arrecie el verdadero frío
el crudo invierno helará las esperanzas
y congelará los mares y los ríos.
Quiero volver a sentir la luz blanca y transparente,
y volver a creer en las luces del firmamento.