Cafla
Poeta recién llegado
Despego mis ojos y veo todo negro,
el frío ayuda a quedarme unos minutos más.
¿Para qué levantarme?
¿Para qué despertar?
Luego el estómago me habla,
también mis mascotas,
así que me levanto,
los alimento y a mí,
qué ganas de segur acostada para siempre,
hasta que ya empiezo una rutina ideada por mí,
busco qué hacer, espero una luz en estos meses oscuros,
me animo, hago ejercicios, cocino, ordeno,
pero no sucede nada.
Una carrera seudo terminada,
con cero experiencia,
es lo que tengo en mi frente,
es lo único que ven de mí.
¡Mañana será el día que todo cambie!, me digo.
Hasta que el mañana llega y junto con él… la mañana llega,
la odio, no me gusta,
es el comienzo de un día no productivo,
y el hecho que pueda quedarme en la cama todo el día
me abofetea aún más...
esta mala suerte o ausencia de ella.
Con todo esto, empecé a cavilar…
creo que la suerte, si existiera o no,
o si algo o alguien la manejara,
realmente no alcanza para todos,
en un mismo tiempo ni espacio.
Quizás al final, puede que sí,
es muy probable, el optimismo siempre llega,
es parte de nosotros, de nuestra sobre vivencia.
Cómo me gustaría no sentirme así en las mañanas,
solo son cinco mañanas que me hacen sentir…
tan vacía, tan llena de… nada, de pereza, de frío.
Las otras que paso contigo, te veo,
así que tú eres mi antidepresivo matutino,
y por supuesto sin mis angelitos con cola,
creo que estaría peor.
Hoy fue la última mañana depresiva,
y la más intensa
estuve acostada todo lo que duró,
¿Para qué siquiera intentarlo?, pienso,
pero lo intento
¿Para qué vivir?
pero vivo, quiero hacerlo,
esto de ser optimista la mayor parte del tiempo
es bastante agotador,
aunque lo que más me desgaste sean los variaciones en sí.
Mañana al menos despierto contigo,
el que no piensa lo que piensa mis mañanas,
que no hago nada y tengo mucho tiempo de ocio.
Cómo odio el ocio,
Todavía no he logrado disfrutarlo.
Y junto con esta incertidumbre de tiempo,
me hace sentir aún más frustrada y desolada.
Jueves 11 de mayo 2017
el frío ayuda a quedarme unos minutos más.
¿Para qué levantarme?
¿Para qué despertar?
Luego el estómago me habla,
también mis mascotas,
así que me levanto,
los alimento y a mí,
qué ganas de segur acostada para siempre,
hasta que ya empiezo una rutina ideada por mí,
busco qué hacer, espero una luz en estos meses oscuros,
me animo, hago ejercicios, cocino, ordeno,
pero no sucede nada.
Una carrera seudo terminada,
con cero experiencia,
es lo que tengo en mi frente,
es lo único que ven de mí.
¡Mañana será el día que todo cambie!, me digo.
Hasta que el mañana llega y junto con él… la mañana llega,
la odio, no me gusta,
es el comienzo de un día no productivo,
y el hecho que pueda quedarme en la cama todo el día
me abofetea aún más...
esta mala suerte o ausencia de ella.
Con todo esto, empecé a cavilar…
creo que la suerte, si existiera o no,
o si algo o alguien la manejara,
realmente no alcanza para todos,
en un mismo tiempo ni espacio.
Quizás al final, puede que sí,
es muy probable, el optimismo siempre llega,
es parte de nosotros, de nuestra sobre vivencia.
Cómo me gustaría no sentirme así en las mañanas,
solo son cinco mañanas que me hacen sentir…
tan vacía, tan llena de… nada, de pereza, de frío.
Las otras que paso contigo, te veo,
así que tú eres mi antidepresivo matutino,
y por supuesto sin mis angelitos con cola,
creo que estaría peor.
Hoy fue la última mañana depresiva,
y la más intensa
estuve acostada todo lo que duró,
¿Para qué siquiera intentarlo?, pienso,
pero lo intento
¿Para qué vivir?
pero vivo, quiero hacerlo,
esto de ser optimista la mayor parte del tiempo
es bastante agotador,
aunque lo que más me desgaste sean los variaciones en sí.
Mañana al menos despierto contigo,
el que no piensa lo que piensa mis mañanas,
que no hago nada y tengo mucho tiempo de ocio.
Cómo odio el ocio,
Todavía no he logrado disfrutarlo.
Y junto con esta incertidumbre de tiempo,
me hace sentir aún más frustrada y desolada.
Jueves 11 de mayo 2017