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Las manos de mi Padre

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marinof

Poeta adicto al portal
Las manos de mi Padre, andaban por la vida,
con esa militancia, que solo da el trabajo.
Eran como herramientas, pesadas, pero limpias,
llevaban vestiduras, de pan y vino manso.

Las manos de mi Padre, aromadas de trigo,
coronaban mi frente, con ternura de pájaro.
Y andaban por la noche, trayéndome el abrigo
para que yo bebiera, la quietud, en su cántaro.

Cuánto cansancio junto, transportaron unidas
cuánta fiesta al trabajo, en la pala entonaron.
Palomas reposadas, en la mesa servida,
premiaban con aroma, su sacrificio diario.

Las manos de mi Padre, salían a la aurora,
a alzar un mundo nuevo, a pesar de los años.
Se llenaban de espiga, de grano, y a la hora
de volver, regresaban, teñidas de salario.

Ellas reflejaban el amor, la ternura
se posaba en sus dedos y aunque estaba cansado
nunca me negaron, la sublime aventura
de sentirme en sus hombros, como al cielo trepado.

Las manos de mi Padre, me dieron la riqueza
de creer en el surco, de esperar lo sembrado.
De no juntar las manos, en gesto de pobreza,
si no, para rezar, por los necesitados.

Ellas amanecían, antes que la alborada
se aferraban al mate, en quehacer rutinario.
Y el humo que subía, de la pava tiznada,
les iba entibiando el tiempo, en casero inciensario.

Las manos de mi Padre, eran como dos nidos,
dos alas de paloma, que en mi frente dejaron
un roce de nostalgia, el candor de dos lirios
que mis ojos de niño, nunca se olvidaron.

Las manos de mi Padre, se volaron un día,
sus rumbos se aquietaron, en la noche, despacio.
Y cada tanto un viento, me trae la algarabía
de que andan por ahí...aleteando en el patio.

Marino Fabianesi
 
Última edición:
Las manos de mi Padre, andaban por la vida,


con esa militancia, que solo da el trabajo.
Eran como herramientas, pesadas, pero limpias,
llevaban vestiduras, de pan y vino manso.

Las manos de mi Padre, aromadas de trigo,
coronaban mi frente, con ternura de pájaro.
Y andaban por la noche, trayéndome el abrigo
para que yo bebiera, la quietud, en su cántaro.

Cuánto cansancio junto, transportaron unidas
cuánta fiesta al trabajo, en la pala entonaron.
Palomas reposadas, en la mesa servida,
premiaban con aroma, su sacrificio diario.

Las manos de mi Padre, salían a la aurora,
a alzar un mundo nuevo, a pesar de los años.
Se llenaban de espiga, de grano, y a la hora
de volver, regresaban, teñidas de salario.

Ellas reflejaban el amor, la ternura
se posaba en sus dedos y aunque estaba cansado
nunca me negaron, la sublime aventura
de sentirme en sus hombros, como al cielo trepado.

Las manos de mi Padre, me dieron la riqueza
de creer en el surco, de esperar lo sembrado.
De no juntar las manos, en gesto de pobreza,
si no, para rezar, por los necesitados.

Ellas amanecían, antes que la alborada
se aferraban al mate, en quehacer rutinario.
Y el humo que subía, de la pava tiznada,
les iba entibiando el tiempo, en casero inciensario.

Las manos de mi Padre, eran como dos nidos,
dos alas de paloma, que en mi frente dejaron
un roce de nostalgia, el candor de dos lirios
que mis ojos de niño, nunca se olvidaron.

Las manos de mi Padre, se volaron un dia,
sus rumbos se aquietaron, en la noche, despacio.
Y cada tanto un viento, me trae la algarabía
de que andan por ahí...aleteando en el patio.


Marino Fabianesi



Hermosos versos dedicados a tu progenitor,
imágenes llenas de cariño y amor.
Y líneas dulces, sacadas de tu corazón
Un placer pasar
Un beso:::hug:::
 
Última edición:
Disculpa que no pude contestarte rapidamente, pero es que aquí ayer, estuvo cortado internet, así que leí tu comentario y cuando quise agradecerte se cortó. por eso lo hago hoy, Y verdaderamente amiga, es una suerte para mí, contar contigo, sobre todo hoy que estoy un poco triste.
Te agradezco nuevamente de corazón, y es un placer total, contar con tu visita.
Besos...Marino.
 
Sólo tu sabes lo que sientió el alma
cuando iban saliendo estas letras
y juntandose los versos.
Yo a veces , en las noches, también me acuerdo de mi padre
y de sus hombros de árbol
de los paseos en bicicleta
de su cigarro.
De sus besos en la cama
con la barba mal hecha,
A veces la sal se cae en una lágrima
que nadie la ve.
Un día la muerte le mordió la oreja
y se llevó sus latidos

No se puede hablar de un poema, cuando éste nació del alma

Mi abrazo
 
Las manos de mi Padre, andaban por la vida,
con esa militancia, que solo da el trabajo.
Eran como herramientas, pesadas, pero limpias,
llevaban vestiduras, de pan y vino manso.

Las manos de mi Padre, aromadas de trigo,
coronaban mi frente, con ternura de pájaro.
Y andaban por la noche, trayéndome el abrigo
para que yo bebiera, la quietud, en su cántaro.

Cuánto cansancio junto, transportaron unidas
cuánta fiesta al trabajo, en la pala entonaron.
Palomas reposadas, en la mesa servida,
premiaban con aroma, su sacrificio diario.

Las manos de mi Padre, salían a la aurora,
a alzar un mundo nuevo, a pesar de los años.
Se llenaban de espiga, de grano, y a la hora
de volver, regresaban, teñidas de salario.

Ellas reflejaban el amor, la ternura
se posaba en sus dedos y aunque estaba cansado
nunca me negaron, la sublime aventura
de sentirme en sus hombros, como al cielo trepado.

Las manos de mi Padre, me dieron la riqueza
de creer en el surco, de esperar lo sembrado.
De no juntar las manos, en gesto de pobreza,
si no, para rezar, por los necesitados.

Ellas amanecían, antes que la alborada
se aferraban al mate, en quehacer rutinario.
Y el humo que subía, de la pava tiznada,
les iba entibiando el tiempo, en casero inciensario.

Las manos de mi Padre, eran como dos nidos,
dos alas de paloma, que en mi frente dejaron
un roce de nostalgia, el candor de dos lirios
que mis ojos de niño, nunca se olvidaron.

Las manos de mi Padre, se volaron un dia,
sus rumbos se aquietaron, en la noche, despacio.
Y cada tanto un viento, me trae la algarabía
de que andan por ahí...aleteando en el patio.

Marino Fabianesi
bello homenaje en letras y muy dulce poema digno de aplaudir un acento ausente por ahí, grato leerle
 
Gracias hermano, qué lindo es sentirse acompañado, sabes, esta poesía la escribí un dia que me sentía muy triste, y con esto me desahogué un poco, porque al otro día, era el día del padre, y ahota tú la rescatas de la marea que se la había llevado. Te agradezco querido amigo, por revolver en este arcón de versos entredormidos.
Un abrazo...Marino.
 
El acento ausente lo lleva toda la poesía, querida amiga. te agradezco por marcármelo, hay veces que en mar de la ausencia, se escapan algunos detalles.
Un abrazo y mil besos...Marino.
 
Última edición:
Mi querido Marino:me identifico contigo completamente en estos versos alegóricos a las manos trabajadoras y luchadoras de tu padre, además de que lo expresas bellamente, con genuino amor y admiración.Tengo una anécdota al respecto que alguna vez te compartiré. Besos.
 
Gracias Clarita, no esperaba otra cosa de tí, quedaré a la espera de que me cuentes esa anécdota, para compartir tus hermosas vivencias. Un abrazo, desde el corazón...Marino.
 
Gracias hermanito, tu sabes que escribo cosas, que tú has vivido también, eso es lo que a lo mejor te identifica con mis escritos. Pero tú no tienes nada que envidiarme, dado que yo también me regocijo en tu maravillosa poesía.
Un abrazo...Marino.
 
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