Las manos de mi Padre, andaban por la vida,
con esa militancia, que solo da el trabajo.
Eran como herramientas, pesadas, pero limpias,
llevaban vestiduras, de pan y vino manso.
con esa militancia, que solo da el trabajo.
Eran como herramientas, pesadas, pero limpias,
llevaban vestiduras, de pan y vino manso.
Las manos de mi Padre, aromadas de trigo,
coronaban mi frente, con ternura de pájaro.
Y andaban por la noche, trayéndome el abrigo
para que yo bebiera, la quietud, en su cántaro.
coronaban mi frente, con ternura de pájaro.
Y andaban por la noche, trayéndome el abrigo
para que yo bebiera, la quietud, en su cántaro.
Cuánto cansancio junto, transportaron unidas
cuánta fiesta al trabajo, en la pala entonaron.
Palomas reposadas, en la mesa servida,
premiaban con aroma, su sacrificio diario.
cuánta fiesta al trabajo, en la pala entonaron.
Palomas reposadas, en la mesa servida,
premiaban con aroma, su sacrificio diario.
Las manos de mi Padre, salían a la aurora,
a alzar un mundo nuevo, a pesar de los años.
Se llenaban de espiga, de grano, y a la hora
de volver, regresaban, teñidas de salario.
a alzar un mundo nuevo, a pesar de los años.
Se llenaban de espiga, de grano, y a la hora
de volver, regresaban, teñidas de salario.
Ellas reflejaban el amor, la ternura
se posaba en sus dedos y aunque estaba cansado
nunca me negaron, la sublime aventura
de sentirme en sus hombros, como al cielo trepado.
se posaba en sus dedos y aunque estaba cansado
nunca me negaron, la sublime aventura
de sentirme en sus hombros, como al cielo trepado.
Las manos de mi Padre, me dieron la riqueza
de creer en el surco, de esperar lo sembrado.
De no juntar las manos, en gesto de pobreza,
si no, para rezar, por los necesitados.
de creer en el surco, de esperar lo sembrado.
De no juntar las manos, en gesto de pobreza,
si no, para rezar, por los necesitados.
Ellas amanecían, antes que la alborada
se aferraban al mate, en quehacer rutinario.
Y el humo que subía, de la pava tiznada,
les iba entibiando el tiempo, en casero inciensario.
se aferraban al mate, en quehacer rutinario.
Y el humo que subía, de la pava tiznada,
les iba entibiando el tiempo, en casero inciensario.
Las manos de mi Padre, eran como dos nidos,
dos alas de paloma, que en mi frente dejaron
un roce de nostalgia, el candor de dos lirios
que mis ojos de niño, nunca se olvidaron.
dos alas de paloma, que en mi frente dejaron
un roce de nostalgia, el candor de dos lirios
que mis ojos de niño, nunca se olvidaron.
Las manos de mi Padre, se volaron un día,
sus rumbos se aquietaron, en la noche, despacio.
Y cada tanto un viento, me trae la algarabía
de que andan por ahí...aleteando en el patio.
sus rumbos se aquietaron, en la noche, despacio.
Y cada tanto un viento, me trae la algarabía
de que andan por ahí...aleteando en el patio.
Marino Fabianesi
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