En las manos se le paso
mucho tiempo de su vida.
Los surcos
eran obscuros profundos,
las asperezas se notaban entre sus dedos;
en sus formas anchas
se escondía todo el esfuerzo
que entre sus cóncavas palmas
habia resbalado
todo su cuerpo.
Sus manas eran
la expresión mas sosegada
de su ser,
Las caricias eran
el lenguaje mas ruidoso
que de ellas salían.
Con sus dulces dedos deformados
nos escribía algunas cartas
que no expresaban todo su amor,
pero deslizaba entre el papel
flores de azahar
de los naranjos del jardín.
Nos tallaba baúles
para que guardáramos nuestros recuerdos.
Entre ellas y su corazón
sostenía el dolor
de volviéndonos una sonrisa,
una interrogación de sus ojos.
Y como siempre
en las tardes tranquilas,
sus pasos iban
a todos los rincones de nuestras necesidades
tocando con sus fuertes manos
la parte mas insegura de los pensamientos.
mucho tiempo de su vida.
Los surcos
eran obscuros profundos,
las asperezas se notaban entre sus dedos;
en sus formas anchas
se escondía todo el esfuerzo
que entre sus cóncavas palmas
habia resbalado
todo su cuerpo.
Sus manas eran
la expresión mas sosegada
de su ser,
Las caricias eran
el lenguaje mas ruidoso
que de ellas salían.
Con sus dulces dedos deformados
nos escribía algunas cartas
que no expresaban todo su amor,
pero deslizaba entre el papel
flores de azahar
de los naranjos del jardín.
Nos tallaba baúles
para que guardáramos nuestros recuerdos.
Entre ellas y su corazón
sostenía el dolor
de volviéndonos una sonrisa,
una interrogación de sus ojos.
Y como siempre
en las tardes tranquilas,
sus pasos iban
a todos los rincones de nuestras necesidades
tocando con sus fuertes manos
la parte mas insegura de los pensamientos.