Las miradas de un domingo sin ojos

abcd

Poeta adicto al portal
El buzón del olvido recordaba los números, las direcciones, las ventanas y hasta las marcas de los pasos de ella. Era extraño, porque para mi budismo ignaro ella volaba. Hace tiempo que una carta no encela el abanico de espectros que nunca me contuvieron, hace tiempo que escribo nudos en prosas que no tienen nombre, leda, ni ojos que buscar.
Es domingo, la exhaustiva aproximación a un dolor de muerte hace que el espejo al menos hoy se desinterese en reflectar los metales. Yo no veo, no veo si no es a través de mi espejo. La imaginación hace interferencia con la radio de la calle, un duende que nunca tuve en el pantalón viola accidentalmente al otro ángel que siempre estuvo panza arriba y bajo mis pies.
Quise gritar, quiero gritar, abandonar el erial, ser una casa con dos bocas para callar. Allá van, las estatuas hormonales, te llevan a vos, vos los llevas. Siento que el caos levita, que los carriles de mi conciencia son caries a la comunión placeba. Como me gustaría que todos caigan.
Es una señal, todas las oraciones se me mezclaron, mi intento de intento resuena en la farsa de estar sintiendo una soledad hermosa. Que puta es la melancolía, que humanas son todas las sonrisas, y tiemblo, tiemblo sin frío, ni ojos, ni otoño en manos de este papel sin voz...
 

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