Évano
Libre, sin dioses.
Si alzas el rostro al cielo cuando llueve
sentirás a la lluvia caer en ti;
y avanzar a la nube a lontananzas
del sueño que arrojaste en tu niñez.
Volverás al umbral de la caverna,
al fuego que recoge a tu mal tiempo
y te lo envuelve en rojos de esperanza
que titilan en ojos vacilantes.
Verás en él que somos mismo tiempo,
que esa misma llama fuimos todos
y ese frío el hueso de la carne
que advierte que también somos la muerte;
y que luego, otro yo con otro rostro,
será el mañana de nosotros mismos.
Un mañana de rostro al aire y lluvia
que nos recordarán seres de dentro.
Si alzas el rostro al cielo cuando llueve
sabrás que muchos otros viven dentro
y llaman de un ayer, desde una cueva.
Quieren ver a los sueños que observaron
cuando eran llama y frío de cavernas.
Las nubes siempre vuelven. Somos círculos.
sentirás a la lluvia caer en ti;
y avanzar a la nube a lontananzas
del sueño que arrojaste en tu niñez.
Volverás al umbral de la caverna,
al fuego que recoge a tu mal tiempo
y te lo envuelve en rojos de esperanza
que titilan en ojos vacilantes.
Verás en él que somos mismo tiempo,
que esa misma llama fuimos todos
y ese frío el hueso de la carne
que advierte que también somos la muerte;
y que luego, otro yo con otro rostro,
será el mañana de nosotros mismos.
Un mañana de rostro al aire y lluvia
que nos recordarán seres de dentro.
Si alzas el rostro al cielo cuando llueve
sabrás que muchos otros viven dentro
y llaman de un ayer, desde una cueva.
Quieren ver a los sueños que observaron
cuando eran llama y frío de cavernas.
Las nubes siempre vuelven. Somos círculos.