Arturo Parnaso
Poeta recién llegado
Las nubes
¿Quién se atreve a decir que las nubes no viven;
que son inanimadas o materia inerte;
un torpe rejunte de inmensos algodones suaves
o un absurdo bulto que va donde el viento
y donde la suerte?
¡Yo las he visto sonreír!
Las he espiado, de día y de noche, en sus intimidades.
He visto a algunas nacer y a otras terriblemente morir.
Soy fiel testigo de sus desdichas
y de sus soledades.
Las he visto llorar a todas juntas
pesadas lagrimas henchidas de emoción,
que, a la deriva, se aplastan en la copa de un Paraíso
o, crispadas, se suicidan en el techo de un viejo camión.
¿Quién se atreve a decir que las nubes no viven;
que son inanimadas o materia inerte;
un torpe rejunte de inmensos algodones suaves
o un absurdo bulto que va donde el viento
y donde la suerte?
¡Yo las he visto sonreír!
Las he espiado, de día y de noche, en sus intimidades.
He visto a algunas nacer y a otras terriblemente morir.
Soy fiel testigo de sus desdichas
y de sus soledades.
Las he visto llorar a todas juntas
pesadas lagrimas henchidas de emoción,
que, a la deriva, se aplastan en la copa de un Paraíso
o, crispadas, se suicidan en el techo de un viejo camión.
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