Este enorme abrazo de la piedra,
abrazo inmóvil al que me acerco con mi carne húmeda,
lisa piel nívea de adolescente, ternura de ojos
acostumbrados al ritmo de las playas,
con sus olas que renacen después de morir
como cabellos de agua que trazan un dibujo sin cicatrices,
rulos de espuma que se arrojan al vientre del cuarzo,
sin plumón, solo caída derramada.
Caída sonora de ronquido breve,
ágil manto que pone su semilla en las conchas veteadas,
en el roquedal de agreste perfil,
en los intersticios del granito,
conjunto geométrico, erosionado jardín de poliedros
como árboles sin hojas.
A los pies del faro adonde no llega el haz
una colonia de algas verdes,
algas salinas como peces de jade,
heliotropos que no dan flor bajo las ruinas,
ola que reverbera en las magnitudes del rayo,
arpegio del color, de siete colores en lontananza.
Magia de lluvia, crisantemo del sol
en el explosivo cenit del ramo líquido,
ramo de gotas que se acicalan
antes de entregarse al descanso de la planicie oceánica,
al juego de los mariscos, a la crueldad suave de las medusas,
a los mejillones bivalvos con su sed interminable de lágrima en el cantil,
de crespón que esconde la carne amarilla que es una zarpa de amor,
al suburbio nacarado, a la liana que brota de su orgullo de riñón blando,
de vulva abierta con gusto a sal herida, de rumor a oleaje
en las paredes de mi boca que aprietan la ingle de este molusco
que deja en mí un extraño recuerdo que asocio, sin querer, a tu nombre.
abrazo inmóvil al que me acerco con mi carne húmeda,
lisa piel nívea de adolescente, ternura de ojos
acostumbrados al ritmo de las playas,
con sus olas que renacen después de morir
como cabellos de agua que trazan un dibujo sin cicatrices,
rulos de espuma que se arrojan al vientre del cuarzo,
sin plumón, solo caída derramada.
Caída sonora de ronquido breve,
ágil manto que pone su semilla en las conchas veteadas,
en el roquedal de agreste perfil,
en los intersticios del granito,
conjunto geométrico, erosionado jardín de poliedros
como árboles sin hojas.
A los pies del faro adonde no llega el haz
una colonia de algas verdes,
algas salinas como peces de jade,
heliotropos que no dan flor bajo las ruinas,
ola que reverbera en las magnitudes del rayo,
arpegio del color, de siete colores en lontananza.
Magia de lluvia, crisantemo del sol
en el explosivo cenit del ramo líquido,
ramo de gotas que se acicalan
antes de entregarse al descanso de la planicie oceánica,
al juego de los mariscos, a la crueldad suave de las medusas,
a los mejillones bivalvos con su sed interminable de lágrima en el cantil,
de crespón que esconde la carne amarilla que es una zarpa de amor,
al suburbio nacarado, a la liana que brota de su orgullo de riñón blando,
de vulva abierta con gusto a sal herida, de rumor a oleaje
en las paredes de mi boca que aprietan la ingle de este molusco
que deja en mí un extraño recuerdo que asocio, sin querer, a tu nombre.
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