Mares Josefina
Poeta recién llegado
Las palabras se volvieron mudas,
sin remedio de oírse se acabaron.
Se acabó el después, el amé, el amaré
se acabó la costumbre,
el tedio a no encontrarse satisfechas
por parecer a veces ingenuas letras,
cuando querían abrir el corazón de las tinieblas.
Las palabras se cansaron, huyeron…
galoparon y se hundieron…en otros silencios,
en otras voces, en otros cuerpos.
Distante a su partida quedaron ahí los ecos,
en las habitaciones, en los enrejados del silencio,
en cada mente oscura,
_ ¡lúcida aún, por esas voces dentro! _
Las palabras quedaron desconfiadas
¡Azules desde dentro!
Absorbiendo el aroma
los olores de aquellos,
que se han ido lejos.
sin remedio de oírse se acabaron.
Se acabó el después, el amé, el amaré
se acabó la costumbre,
el tedio a no encontrarse satisfechas
por parecer a veces ingenuas letras,
cuando querían abrir el corazón de las tinieblas.
Las palabras se cansaron, huyeron…
galoparon y se hundieron…en otros silencios,
en otras voces, en otros cuerpos.
Distante a su partida quedaron ahí los ecos,
en las habitaciones, en los enrejados del silencio,
en cada mente oscura,
_ ¡lúcida aún, por esas voces dentro! _
Las palabras quedaron desconfiadas
¡Azules desde dentro!
Absorbiendo el aroma
los olores de aquellos,
que se han ido lejos.