Andrik Navarrete Arias
Poeta recién llegado
Todos los días, escucho el prolijo
arrullo de las palomas silvestres,
por quienes en las mañanas recuerdo
mis edades de candor persistente.
Lo que puedo hacer es imaginar,
mientras camino solitario, siempre
Si algunas nubes se tiñan de grises
o las hojas crujan por poco temple.
En nada pensar. Ni atiendo mis ánimos,
pero, descubro las palmas que crecen.
Me pregunto: ¿quiénes habitarán?
¿Qué generaciones siguen presentes?
Las palomas cantan, cantan y cantan;
estas son sus armonías celestes,
himnos hacia mi memoria tisú,
de madres del cielo para la gente.
Ellas cantaban, cantaban, cantaban
y seguirán cantando, aunque merecen
más que nuestra nostalgia con cemento.
Y seguirán ellas sin conocerme;
y cantarán, cantarán, cantarán.
Mientras tanto, buscaré mi despliegue
al ritmo vital: retorno y reposo.
Distinguir las alas que nos conecten,
De vuelta a nuestros ángeles anónimos,
nosotros podríamos entrever
liras para tocar en cada edad;
que sus canciones nos logren prender.
arrullo de las palomas silvestres,
por quienes en las mañanas recuerdo
mis edades de candor persistente.
Lo que puedo hacer es imaginar,
mientras camino solitario, siempre
Si algunas nubes se tiñan de grises
o las hojas crujan por poco temple.
En nada pensar. Ni atiendo mis ánimos,
pero, descubro las palmas que crecen.
Me pregunto: ¿quiénes habitarán?
¿Qué generaciones siguen presentes?
Las palomas cantan, cantan y cantan;
estas son sus armonías celestes,
himnos hacia mi memoria tisú,
de madres del cielo para la gente.
Ellas cantaban, cantaban, cantaban
y seguirán cantando, aunque merecen
más que nuestra nostalgia con cemento.
Y seguirán ellas sin conocerme;
y cantarán, cantarán, cantarán.
Mientras tanto, buscaré mi despliegue
al ritmo vital: retorno y reposo.
Distinguir las alas que nos conecten,
De vuelta a nuestros ángeles anónimos,
nosotros podríamos entrever
liras para tocar en cada edad;
que sus canciones nos logren prender.
Última edición: