Elik0575
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y es que cuando queremos que los sueños se nos cumplan
bien al revés todo resulta.
Iba tan perfumado
que se sentía de aquí hasta Marte,
camisa blanca
con corbata elegante,
pantalón clásico fino,
gabardina negra con flor blanca
para adornarme.
Sin lugar a dudas estaba bien elegante.
Y abordé el tren
con tanto orgullo
a mi destino de ninguna parte.
Fue entonces cuando en la estación siguiente
algo así como en espacios grandes
subió la cosa más bella
que ojos míos llegaron de mis cuencas a saltarse,
y como iba solo en el asiento
hice cupo en la silla de al lado para que nadie más
llegara a sentarse,
solo esa princesa
que parecía una obra de arte.
Sin embargo en esa estación
el tren empezó llenarse
y por eso ella
solo vio la silla de adelante
y a mi lado no llego a sentarse,
ecepto una montaña caminante
que mi sombrilla por sentarse
casi parte.
Como puede me salí de ese puesto,
nadé sobre la gente,
pedí tanto permiso
que aun así,
mis zapatos llegaron a pisarme
y todo
para sentarme mas adelante
y ver de nuevo a esa flor
que todito llego a gustarme.
¡Al fin puede ubicarme!
Pero la princesa se bajó
a los pocos instantes.
Ni modos _ me dije_
al cabo que no eran tan buena obra de arte.
Pero cuando volteé
vi sentada a una princesa bella
solo que estaba sentada justo de donde antes llegué a levantarme
el problema es que había tanta gente apretujada
que no sabía si podía nuevamente trasladarme.
Así que emprendí otra vez la travesía de regreso
y en medio golpes y pisotones,
agarradas perniciosas,
quejas y tropezones,
sudando como loco,
despeinado y no se por donde quien me pasé
que su grajo en mi gabardina llegó a impregnarse,
tanto que mi flor llego a marchitarse.
Pero con todo,
¡Lo había logrado!
Sin que se diera cuenta a su lado llegué a sentarme
hasta que un niñito
se vomitó en mi chaqueta
y ella al verme con esos ojos grandes me dijo:
¡Borracho!
"vaya a otra parte a arrimarse!"
y su mano en mi cara llegó a píntame,
se bajo de tren tan pronto llegó a la estación estacionarse
y yo que tan bonito había salido
por ir tras las princesas
me había hecho todo un desastre.
bien al revés todo resulta.
Iba tan perfumado
que se sentía de aquí hasta Marte,
camisa blanca
con corbata elegante,
pantalón clásico fino,
gabardina negra con flor blanca
para adornarme.
Sin lugar a dudas estaba bien elegante.
Y abordé el tren
con tanto orgullo
a mi destino de ninguna parte.
Fue entonces cuando en la estación siguiente
algo así como en espacios grandes
subió la cosa más bella
que ojos míos llegaron de mis cuencas a saltarse,
y como iba solo en el asiento
hice cupo en la silla de al lado para que nadie más
llegara a sentarse,
solo esa princesa
que parecía una obra de arte.
Sin embargo en esa estación
el tren empezó llenarse
y por eso ella
solo vio la silla de adelante
y a mi lado no llego a sentarse,
ecepto una montaña caminante
que mi sombrilla por sentarse
casi parte.
Como puede me salí de ese puesto,
nadé sobre la gente,
pedí tanto permiso
que aun así,
mis zapatos llegaron a pisarme
y todo
para sentarme mas adelante
y ver de nuevo a esa flor
que todito llego a gustarme.
¡Al fin puede ubicarme!
Pero la princesa se bajó
a los pocos instantes.
Ni modos _ me dije_
al cabo que no eran tan buena obra de arte.
Pero cuando volteé
vi sentada a una princesa bella
solo que estaba sentada justo de donde antes llegué a levantarme
el problema es que había tanta gente apretujada
que no sabía si podía nuevamente trasladarme.
Así que emprendí otra vez la travesía de regreso
y en medio golpes y pisotones,
agarradas perniciosas,
quejas y tropezones,
sudando como loco,
despeinado y no se por donde quien me pasé
que su grajo en mi gabardina llegó a impregnarse,
tanto que mi flor llego a marchitarse.
Pero con todo,
¡Lo había logrado!
Sin que se diera cuenta a su lado llegué a sentarme
hasta que un niñito
se vomitó en mi chaqueta
y ella al verme con esos ojos grandes me dijo:
¡Borracho!
"vaya a otra parte a arrimarse!"
y su mano en mi cara llegó a píntame,
se bajo de tren tan pronto llegó a la estación estacionarse
y yo que tan bonito había salido
por ir tras las princesas
me había hecho todo un desastre.
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