Cruzar La Noche
Poeta asiduo al portal
Las reglas de la noche
Las reglas de la noche son en si bastante sencillas:
Todo se permite,
nada se perdona.
No hay marcha atrás, lo hecho, hecho está.
De noche los besos son distintos,
sobretodo en noches estrelladas de luna llena,
pues se adhieren a la piel,
son tinta indeleble que a pesar de la oscuridad
se perciben por su olor.
No hay forma de mentir,
los labios no saben de engaños,
pero si de traiciones.
Tontos los que creen
que al amanecer la luz borra lo que está escrito en la piel,
es imposible erradicar ese sabor de los ojos,
de los poros hambrientos de un enamorado.
Las reglas de la noche incluyen también a la muerte,
sin ella la noche no estaría completa.
Si la pasión y el amor encuentran cobijo en ella
¿Porqué no habrían de hacerlo también la melancolía y la tristeza?
Se nace de noche,
se muere de madrugada,
se olvida de día.
Las reglas de la noche establecen que los sueños son el consuelo
para el que duerme víctima de su hastío,
de su cansancio.
Dormir no es igual a soñar,
ya que soñando vivimos lo que el día nos tiene vedado,
durmiendo no hacemos sino ensayar para el eterno descanso.
Está escrito que las reglas de la noche se apliquen a locos y poetas,
a suicidas y soñadores,
a amantes y traidores,
a todos los que influenciados por ellas viven,
mueren,
recuerdan,
olvidan.
A sabiendas que el día borrara lo vivido
nos aventuramos al vacío,
así es la noche
así amamos, ¿morimos?
bajo el amparo de las reglas de la noche.
Las reglas de la noche son en si bastante sencillas:
Todo se permite,
nada se perdona.
No hay marcha atrás, lo hecho, hecho está.
De noche los besos son distintos,
sobretodo en noches estrelladas de luna llena,
pues se adhieren a la piel,
son tinta indeleble que a pesar de la oscuridad
se perciben por su olor.
No hay forma de mentir,
los labios no saben de engaños,
pero si de traiciones.
Tontos los que creen
que al amanecer la luz borra lo que está escrito en la piel,
es imposible erradicar ese sabor de los ojos,
de los poros hambrientos de un enamorado.
Las reglas de la noche incluyen también a la muerte,
sin ella la noche no estaría completa.
Si la pasión y el amor encuentran cobijo en ella
¿Porqué no habrían de hacerlo también la melancolía y la tristeza?
Se nace de noche,
se muere de madrugada,
se olvida de día.
Las reglas de la noche establecen que los sueños son el consuelo
para el que duerme víctima de su hastío,
de su cansancio.
Dormir no es igual a soñar,
ya que soñando vivimos lo que el día nos tiene vedado,
durmiendo no hacemos sino ensayar para el eterno descanso.
Está escrito que las reglas de la noche se apliquen a locos y poetas,
a suicidas y soñadores,
a amantes y traidores,
a todos los que influenciados por ellas viven,
mueren,
recuerdan,
olvidan.
A sabiendas que el día borrara lo vivido
nos aventuramos al vacío,
así es la noche
así amamos, ¿morimos?
bajo el amparo de las reglas de la noche.