Lírico.
Exp..
Las tornas
Existe ese placer
culpable, irremplazable,
cuando ves a aquel tipo
que hace diez años era
el puto amo del mundo,
y ahora te lo encuentras
hecho una piltrafilla,
con los zapatos sucios,
haciéndose el simpático
para ver si le invitas
a alguna cosa. Y miras
el móvil, y le dices
que tu chica te espera
para iros a una cena
(a la que por supuesto
él no ha sido invitado)
y ahí se queda,
con mano en el bolsillo,
sin nada que rascar.
Existe ese placer
culpable, irremplazable,
cuando ves a aquel tipo
que hace diez años era
el puto amo del mundo,
y ahora te lo encuentras
hecho una piltrafilla,
con los zapatos sucios,
haciéndose el simpático
para ver si le invitas
a alguna cosa. Y miras
el móvil, y le dices
que tu chica te espera
para iros a una cena
(a la que por supuesto
él no ha sido invitado)
y ahí se queda,
con mano en el bolsillo,
sin nada que rascar.