Lorenzo Salamanca Garcia
Poeta fiel al portal
Cuando tenía nueve años
ansiaba que llegara el sábado,
porque era un día sin obligaciones
-De lunes a viernes
había que estar en el cole a las nueve
y regresar de nuevo a las tres.
Los domingos
no se podía llegar tarde
a misa de doce-.
Me gustaban especialmente
los sábados de invierno...
Como mi casa era fría,
mi madre me mandaba
a casa de mi abuela
a casa de mi abuela
“que tiene gloria”, decía
- era como si estuvieras en ella-:
Sin prisas
y tumbado en el suelo ardiente,
jugaba con los indios y vaqueros,
derrochando imaginación y voces.
Casi cuatro décadas después
soy padre,
mi hogar tiene calefacción
y mis hijos
ya no tienen que salir los sabados,
empujados por el frio.
ya no tienen que salir los sabados,
empujados por el frio.
A veces, me oculto tras una puerta
y escucho a mi hija
de nueve años
y escucho a mi hija
de nueve años
hablar con sus muñecas,
como hacía yo antaño.
Actualmente,
soy un adulto responsable,
pero sigo fantaseando,
aunque hablo más bajito:
Testigo de ello
son quienes se adentran
en mi alma.
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