Coronado Smith
Poeta recién llegado
LASTIMA QUE NO SEA VAMPIRO
Bienvenido a mi morada,
entre libremente
y deje parte de la felicidad que trae,
decía el conde Drácula.
¡Lástima que no sea yo vampiro!
Iba arrancarles la inmundicia,
y la última gota de vanidad,
a esos presuntuosos relamidos.
Seguramente, escupiera su sangre,
corrompida por la ambición,
y por alguna sustancia ajena,
de ser “grandiosos e importantes”.
El corazón no podría arrancarles,
puesto que no lo tienen,
lo cambiaron por espejismos de grandeza.
Y si lo tienen, no les late.
La estaca por el culo les metería,
los ahogaría en agua bendita,
se iban a empachar de ajo,
y finalmente los crucificaría.
A partir de ahora no haré prisioneros,
ni pienso entregarme,
de ellos estoy,
hasta los testículos, cojones o güevos.
Bienvenido a mi morada,
entre libremente
y deje parte de la felicidad que trae,
decía el conde Drácula.
¡Lástima que no sea yo vampiro!
Iba arrancarles la inmundicia,
y la última gota de vanidad,
a esos presuntuosos relamidos.
Seguramente, escupiera su sangre,
corrompida por la ambición,
y por alguna sustancia ajena,
de ser “grandiosos e importantes”.
El corazón no podría arrancarles,
puesto que no lo tienen,
lo cambiaron por espejismos de grandeza.
Y si lo tienen, no les late.
La estaca por el culo les metería,
los ahogaría en agua bendita,
se iban a empachar de ajo,
y finalmente los crucificaría.
A partir de ahora no haré prisioneros,
ni pienso entregarme,
de ellos estoy,
hasta los testículos, cojones o güevos.