marton
Poeta reconocido en el portal
Bebe - temblando - de mi corazón
una gota de negra sangre en triste copa de cristal
[trizado],
que se viene cabalgando en brioso corcel
la poderosa y soberana muerte diaria,
soplando su funesto viento de espinas,
que se duerme en los ornamentos residuales
de la atroz espesura de mi quebranto
[tus quebrantos]
Busca en las aguas de tus manantiales rojos
esas auroras del peligro de las lunas
que, aún desarraigadas, ¡viven todavía!
Hazlas resurgir de tu bóveda elemental
y deja fluir tu corazón, por el pedernal trivial
de mis calles y caminos.
[Cansinos]
Dales luz a esos negros latidos,
¡dales luz !
Cuando el polvo torrencial de los senderos
no pueda ya besar nuestros pies rendidos
y nuestras manos se cierren dormidas
sobre los vetustos ocres del papel ,
que contuvo gritos y silencios,
[Silente]
recorreremos, uno a uno, los castillos de lo humano
y en los ariscos nudos de lo imperecedero,
sentados sobre designios,
- perdida la mirada -
ligeros de temores, sudados de aventuras;
desnudos, despojados de mortajas,
huérfanos de cruces,
miraremos por encima del pretérito.
Entonces, sólo entonces,
habremos aprendido que ¡por fin!
vivimos nuestra vida.
una gota de negra sangre en triste copa de cristal
[trizado],
que se viene cabalgando en brioso corcel
la poderosa y soberana muerte diaria,
soplando su funesto viento de espinas,
que se duerme en los ornamentos residuales
de la atroz espesura de mi quebranto
[tus quebrantos]
Busca en las aguas de tus manantiales rojos
esas auroras del peligro de las lunas
que, aún desarraigadas, ¡viven todavía!
Hazlas resurgir de tu bóveda elemental
y deja fluir tu corazón, por el pedernal trivial
de mis calles y caminos.
[Cansinos]
Dales luz a esos negros latidos,
¡dales luz !
Cuando el polvo torrencial de los senderos
no pueda ya besar nuestros pies rendidos
y nuestras manos se cierren dormidas
sobre los vetustos ocres del papel ,
que contuvo gritos y silencios,
[Silente]
recorreremos, uno a uno, los castillos de lo humano
y en los ariscos nudos de lo imperecedero,
sentados sobre designios,
- perdida la mirada -
ligeros de temores, sudados de aventuras;
desnudos, despojados de mortajas,
huérfanos de cruces,
miraremos por encima del pretérito.
Entonces, sólo entonces,
habremos aprendido que ¡por fin!
vivimos nuestra vida.
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