Hoover White
Poeta adicto al portal
Sentado en mi vereda, descubrí un verso que era tuyo.
sentado en mi vereda: el espíritu se me salió del alma,
emanó fulgor arcano y me ahogó en una torva de quimeras.
Así, la vida desprendió hojas de sus laureles, que como tintineando en la atmósfera, encontraron un regazo sobre mi pecho y se posaron quedamente en ello. ¡Y me encontraste y te encontré! Me olvidé de cuantos suspiros había perdido entre un añejo amor, de cuantos tumultos se acongojaba mi mente y de cuanta cíclica conversación había sostenido con la escueta soledad.
Aún no sé de que laureles se desprendieron estas venusinas hojas, ni en que verdegales dormían, ni que vendaval las haya traído hacia mí; pero a veces dicen: ¨Que el quejido de un dolor es como un cilio¨; y yo creo, quien lo haya escuchado, quiso dejar caer las hojas… cuando yo estaba perdido.
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