Estuardolh
Soy una rama de noviembre.
La semana pasada mi papá cambió lavamanos y como cada cosa que cambia contó sus años de antiguedad. Diecisiete años habían pasado y aun no salgo del asombro. Una cana en mi cabello me hubiera asombrado menos.
Tiene sentido mi asombro; no me había dado cuenta que todos parecen haber avanzado, menos yo. No tengo idea si lo que hago es lo que quiero, me siento cansado. Ya ni un cachorro puedo cuidar, insisto en mi sospecha, debo estar cansado o más bien ya exhausto. A mi edad al menos alcancé lo que quería a los dieciocho, la estabilidad económica. De cualquier forma vivo con el miedo de perder el empleo, no me siento indispensable porque basicamente no lo soy. Alguien siempre está dispuesto a cobrar menos y hacer más. En mi carrera cada día hay algo nuevo, y trabajar básicamente es continuar en línea recta en dar mantenimiento a algo viejo. Al menos siento que a morir no tengo miedo, y tiene sentido, nadie me requiere y no creo en la vida después de la muerte.
En el antiguo lavamanos me lavé la cara cada vez que sentía miedo; me cepillé los dientes con prisa y a veces con desdeño; vi la sangre de mi nariz drenarse; aprendí su forma azul redondeada sin saberlo.
Sé que he perdido tiempo y algo más que no comprendo; sólo siento desconcierto.
Tiene sentido mi asombro; no me había dado cuenta que todos parecen haber avanzado, menos yo. No tengo idea si lo que hago es lo que quiero, me siento cansado. Ya ni un cachorro puedo cuidar, insisto en mi sospecha, debo estar cansado o más bien ya exhausto. A mi edad al menos alcancé lo que quería a los dieciocho, la estabilidad económica. De cualquier forma vivo con el miedo de perder el empleo, no me siento indispensable porque basicamente no lo soy. Alguien siempre está dispuesto a cobrar menos y hacer más. En mi carrera cada día hay algo nuevo, y trabajar básicamente es continuar en línea recta en dar mantenimiento a algo viejo. Al menos siento que a morir no tengo miedo, y tiene sentido, nadie me requiere y no creo en la vida después de la muerte.
En el antiguo lavamanos me lavé la cara cada vez que sentía miedo; me cepillé los dientes con prisa y a veces con desdeño; vi la sangre de mi nariz drenarse; aprendí su forma azul redondeada sin saberlo.
Sé que he perdido tiempo y algo más que no comprendo; sólo siento desconcierto.