eduardocarpio
Poeta adicto al portal
LE DEBO AL VEINTISIETE...
Le debo al veintisiete,
– de quién sino cordura
y el mismo firmamento –
en las noches adustas,
templarme los dolores,
mecerme su escritura.
Para empezar Salinas
¡qué buen oro depura!
Trazo largo del cielo,
amparo de la luna,
como nana al desvelo,
como vaivén de cuna,
abrigos de los sueños.
Espléndido Cernuda.
Deletreo el descanso
y el tiempo se conjura;
en su apellido lleva
la esencia y la ternura;
sí, esa luna llena,
linterna de luz cruda
que siendo oscura, es bella,
como toda su hondura
capaz de ser palabra.
Aleixandre madura
hasta lograr la vida
con la esencia rotunda
con el soplo de alquimia
que solo él transmuta
y Altolaguirre esplende,
en íntima factura.
Llenaron el tintero
un Rafael sin bruma
de claridad marina
y brisas absolutas;
volé con Federico
del cielo las figuras,
que los ojos no alcanzan,
mas la emoción procuran,
como temblor del alba,
como luz insegura
que dormida despierta
el rayo con premura.
Remansos los de Emilio
son en Guillén espumas
de viso cenital;
heridas y desnudas
las vetas de sus letras,
sustentan las columnas
y evitan el ornato,
mantienen la penumbra
de magia y proporción.
Fervor de la hermosura,
mudo ciprés de Silos,
con Diego alcanza altura
y en la pausa de Dámaso
se inscribe la tersura
con la sabiduría
del reposo que cura...
Me llenaron el alma
memorias y texturas;
mil posos manantiales
que en la sombra dibujan
el marfil del acero,
soplándole ternura
y yemas a los dedos;
las huellas de mensura,
los labios que se besan,
caricias que te arrullan
y el dolor sin olvido.
En los pliegues se ocultan
y envejecen contigo,
contigo se conjugan
como greda del suelo,
como materia tuya,
hoy desgranan arena,
mañana sepultura.
Y siempre Juan Ramón
en cúpula se curva.
eduardocarpio
5 de agosto de 2012
Le debo al veintisiete,
– de quién sino cordura
y el mismo firmamento –
en las noches adustas,
templarme los dolores,
mecerme su escritura.
Para empezar Salinas
¡qué buen oro depura!
Trazo largo del cielo,
amparo de la luna,
como nana al desvelo,
como vaivén de cuna,
abrigos de los sueños.
Espléndido Cernuda.
Deletreo el descanso
y el tiempo se conjura;
en su apellido lleva
la esencia y la ternura;
sí, esa luna llena,
linterna de luz cruda
que siendo oscura, es bella,
como toda su hondura
capaz de ser palabra.
Aleixandre madura
hasta lograr la vida
con la esencia rotunda
con el soplo de alquimia
que solo él transmuta
y Altolaguirre esplende,
en íntima factura.
Llenaron el tintero
un Rafael sin bruma
de claridad marina
y brisas absolutas;
volé con Federico
del cielo las figuras,
que los ojos no alcanzan,
mas la emoción procuran,
como temblor del alba,
como luz insegura
que dormida despierta
el rayo con premura.
Remansos los de Emilio
son en Guillén espumas
de viso cenital;
heridas y desnudas
las vetas de sus letras,
sustentan las columnas
y evitan el ornato,
mantienen la penumbra
de magia y proporción.
Fervor de la hermosura,
mudo ciprés de Silos,
con Diego alcanza altura
y en la pausa de Dámaso
se inscribe la tersura
con la sabiduría
del reposo que cura...
Me llenaron el alma
memorias y texturas;
mil posos manantiales
que en la sombra dibujan
el marfil del acero,
soplándole ternura
y yemas a los dedos;
las huellas de mensura,
los labios que se besan,
caricias que te arrullan
y el dolor sin olvido.
En los pliegues se ocultan
y envejecen contigo,
contigo se conjugan
como greda del suelo,
como materia tuya,
hoy desgranan arena,
mañana sepultura.
Y siempre Juan Ramón
en cúpula se curva.
eduardocarpio
5 de agosto de 2012
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