Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Magia... respirada en Le Rocher,
donde árboles misteriosos,
impiden el paso,
al milenario santuario,
duerme la mujer,
pegada entre rocas,
con la Luna como guardián,
en el péndulo de los tiempos,
con la gracia de un cisne,
con la majestad de una reina...
Llamas fatuas,
pérdidas desde siempre,
ahuyentando la muerte,
ahuyentando al cobarde,
para permanecer siempre virgen...
Benditos rosales,
que expiden su perfume,
con espinas salvajes,
que roben mi sangre,
al internarme en lo prohibido,
con cánticos de cigarra,
con la noche espesa,
que filtre las sombras,
para tomarme el alma,
sobrecogedora escena,
dantesca y hermosa,
sátiros y juglares,
danzando ante el fuego,
con las brujas,
con los machos cabríos,
en orgía profunda,
sin descanso los tambores,
en un viaje parafernal,
que inspiré esta humilde poesía...
Digno señor de tinieblas,
sentado en su trono,
con la copa de rubís,
con la corona de zafiros,
Medallón colgante,
un león de la Francia,
entre flor de lis...
Arda mi pereza,
para danzar entre ellos,
desnudando mi alma,
desnudando mi cuerpo...
En frenética sinfonía,
con la que las horas devoran,
una noche completa...
¡Momento mágico!
¡Viaje extraño!,
entre vendavales,
entre musas y sueños,
¡aquí me quedaré!
¡Danzad! ¡Vibrar!
que tal vez mañana,
el mundo terminará...
L.V.
donde árboles misteriosos,
impiden el paso,
al milenario santuario,
duerme la mujer,
pegada entre rocas,
con la Luna como guardián,
en el péndulo de los tiempos,
con la gracia de un cisne,
con la majestad de una reina...
Llamas fatuas,
pérdidas desde siempre,
ahuyentando la muerte,
ahuyentando al cobarde,
para permanecer siempre virgen...
Benditos rosales,
que expiden su perfume,
con espinas salvajes,
que roben mi sangre,
al internarme en lo prohibido,
con cánticos de cigarra,
con la noche espesa,
que filtre las sombras,
para tomarme el alma,
sobrecogedora escena,
dantesca y hermosa,
sátiros y juglares,
danzando ante el fuego,
con las brujas,
con los machos cabríos,
en orgía profunda,
sin descanso los tambores,
en un viaje parafernal,
que inspiré esta humilde poesía...
Digno señor de tinieblas,
sentado en su trono,
con la copa de rubís,
con la corona de zafiros,
Medallón colgante,
un león de la Francia,
entre flor de lis...
Arda mi pereza,
para danzar entre ellos,
desnudando mi alma,
desnudando mi cuerpo...
En frenética sinfonía,
con la que las horas devoran,
una noche completa...
¡Momento mágico!
¡Viaje extraño!,
entre vendavales,
entre musas y sueños,
¡aquí me quedaré!
¡Danzad! ¡Vibrar!
que tal vez mañana,
el mundo terminará...
L.V.
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