Iba cada tarde por verle llegar,
su fornido cuerpo de marino rudo,
el sol que besaba su torso desnudo
perlado de gotas de sudor y mar.
Su sola mirada me hacía temblar,
hubo entre nosotros un lenguaje mudo,
nos ató el deseo con estrecho nudo
y en su azul intenso yo quise volar.
Y fui la gaviota que le acompañaba,
el sol que lamía su curtida piel,
la gota de mar que se desplazaba
por su ardiente boca buscando un vergel.
No le dije nunca lo mucho que amaba
las tardes aquellas soñando con él.
su fornido cuerpo de marino rudo,
el sol que besaba su torso desnudo
perlado de gotas de sudor y mar.
Su sola mirada me hacía temblar,
hubo entre nosotros un lenguaje mudo,
nos ató el deseo con estrecho nudo
y en su azul intenso yo quise volar.
Y fui la gaviota que le acompañaba,
el sol que lamía su curtida piel,
la gota de mar que se desplazaba
por su ardiente boca buscando un vergel.
No le dije nunca lo mucho que amaba
las tardes aquellas soñando con él.