Lejanías

Évano

Libre, sin dioses.
 
 
 
 
 
 
Cuando giras la vida te das cuenta
cómo se esconde cuanto conociste
en cunetas de falsos intereses.
De reojo los rabos del engaño,
sus ráfagas de rabias y de odios;
la verdad de los ojos del antaño,
cuando te creíste parte de sus mundos,
y algo suyo.

Una lleva un corazón entre los dedos,
que va mordiendo;
y otra el pellejo de un alma,
que va arrastrando
por la sombra de lo oscuro de tu vida.

Vuelves y te giras otra vez a ti mismo.
Las manos rompen los bolsillos crédulos.
Los harapos de tu verdad rozando
sobre suelas de zapatos desgastados
de pisar lo ficticio que pintaron
a lo largo de tus paisajes claros.

Nadie se acerca por el futuro que caes.
Acantilados del adentro y del afuera
perfilando las noches mordidas por estrellas;
son dientes, luz que sierra y marcha
con las alas que te arrancaron.

De repente estás en medio
de faros de nicotina que alumbran el sueño
de una noche interminable en el tiempo.
Es una autopista cualquiera,
una serpiente del camino que vuelve
otra vez al principio solitario.

De pronto te encuentras delante
de la soledad de la noche sin fin.

Arriba las estrellas, rayos albos etéreos
viajando eternos y estáticos,
difuminando a los ojos incrédulos
de nubes de ceniza dispersándose dóciles
a los pies enraizados en abismos de impotencia.

Y todo tu universo tiembla dentro
de un cuerpo de rabiosa alma tullida.

A lo lejos, cualquier ciudad alberga,
impasibles cortejos de pasos que van
al camposanto de los caídos en silencio.

¡Qué lejos está la gente ahora mientras
pisas los cristales rotos de tus sueños
en medio de la soledad de la noche!

En esa última autopista miras la lejanía,
lo que conseguiste andar;
pero solo ves el medievo de las mentes.

Vuelves a pensar en ese universo
reventando dentro de ti;
en que no bastó para besarte una vez más
y retenerte hasta el fin de los días.

Pero fue imposible convencer a la muerte
de que se llevase al mundo entero y me dejara
pecar hasta que mi alma de hombre se saciara.

Los cielos ficticios vencieron
a todo el amor del mundo.

Ya no quiero comprar relojes de arena donde
las serpientes vagan por ellas predicando
mientras estúpidos vivos se van dejando morder.
 
Genial lírica e imágenes en tu intenso poema Evano !!! Profundidad en tus versos !!!! Saludos.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
 
Como dice Carlos, un poema muy intenso, pero además me parece de una gran profundidad y una poderosa desilusión y tristeza inherentes que va más allá de lo habitual en un típico poema de amor. En cualquier caso creo que es un gran poema señor Vicente. Mis felicitaciones sinceras y un fuerte abrazo amigo.
 
Los bolsillos se zurcen, los relojes de arena son lindos tus letras te acer can, a mi me encantan. Un aabra

Zo a descifrar porque este teclado me mata...
 
"De repente estás en medio
de faros de nicotina que alumbran el sueño
de una noche interminable en el tiempo.
Es una autopista cualquiera,
una serpiente del camino que vuelve
otra vez al principio solitario."

Hoy con esa estrofa tengo bastante, señor Évano,
para levantarme y aplaudir.
Ya pasaré con más calma.Muy bueno.

Un abrazo compañero



 
Évano;5266007 dijo:
 
 
 
 
 
 
Cuando giras la vida te das cuenta
cómo se esconde cuanto conociste
en cunetas de falsos intereses.
De reojo los rabos del engaño,
sus ráfagas de rabias y de odios;
la verdad de los ojos del antaño,
cuando te creíste parte de sus mundos,
y algo suyo.

Una lleva un corazón entre los dedos,
que va mordiendo;
y otra el pellejo de un alma,
que va arrastrando
por la sombra de lo oscuro de tu vida.

Vuelves y te giras otra vez a ti mismo.
Las manos rompen los bolsillos crédulos.
Los harapos de tu verdad rozando
sobre suelas de zapatos desgastados
de pisar lo ficticio que pintaron
a lo largo de tus paisajes claros.

Nadie se acerca por el futuro que caes.
Acantilados del adentro y del afuera
perfilando las noches mordidas por estrellas;
son dientes, luz que sierra y marcha
con las alas que te arrancaron.

De repente estás en medio
de faros de nicotina que alumbran el sueño
de una noche interminable en el tiempo.
Es una autopista cualquiera,
una serpiente del camino que vuelve
otra vez al principio solitario.

De pronto te encuentras delante
de la soledad de la noche sin fin.

Arriba las estrellas, rayos albos etéreos
viajando eternos y estáticos,
difuminando a los ojos incrédulos
de nubes de ceniza dispersándose dóciles
a los pies enraizados en abismos de impotencia.

Y todo tu universo tiembla dentro
de un cuerpo de rabiosa alma tullida.

A lo lejos, cualquier ciudad alberga,
impasibles cortejos de pasos que van
al camposanto de los caídos en silencio.

¡Qué lejos está la gente ahora mientras
pisas los cristales rotos de tus sueños
en medio de la soledad de la noche!

En esa última autopista miras la lejanía,
lo que conseguiste andar;
pero solo ves el medievo de las mentes.

Vuelves a pensar en ese universo
reventando dentro de ti;
en que no bastó para besarte una vez más
y retenerte hasta el fin de los días.

Pero fue imposible convencer a la muerte
de que se llevase al mundo entero y me dejara
pecar hasta que mi alma de hombre se saciara.

Los cielos ficticios vencieron
a todo el amor del mundo.

Ya no quiero comprar relojes de arena donde
las serpientes vagan por ellas predicando
mientras estúpidos vivos se van dejando morder.


De momentos inolvidables hablan
de los corazones dormidos,
que hermosa esta la mañana,
y gracias por haberme permitido…
Un placer haber pasado, un beso.
 
Mucho desengaño veo en estos versos querido Évano, palabras que transmiten toda la decepción que este mundo puede provocarnos. Es a mi juicio una excelente poesía. Un abrazo.
 

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