Gonvedo
Poeta asiduo al portal
El cielo responde a una lentitud de bronces.
La quietud del día es amarilla a esta hora,
madura en la fermentación del pan.
Ella sueña con ángeles y un cielo protector,
la ungen todos los apóstrofes.
Ve gaviotas en el país de las selvas,
coral en las oquedades de la marea.
Ocupa su corazón una pena lacustre,
racimos de soledad cubren su pecho.
Su alma se llena de pájaros licuados.
¿Cómo borrar las huellas de su ausencia
si el mar no tiene orilla?
El trigo espera, lento mueve el arroyo la aceña.
Suenan bronces sanadores tan lentos como los mansos.
Yo no recuerdo si fue una seda de tristeza
la que ardió en los andenes de la noche.
Vestida de mujer, la noche tiene la estatura de las violas.
La quietud del día es amarilla a esta hora,
madura en la fermentación del pan.
Ella sueña con ángeles y un cielo protector,
la ungen todos los apóstrofes.
Ve gaviotas en el país de las selvas,
coral en las oquedades de la marea.
Ocupa su corazón una pena lacustre,
racimos de soledad cubren su pecho.
Su alma se llena de pájaros licuados.
¿Cómo borrar las huellas de su ausencia
si el mar no tiene orilla?
El trigo espera, lento mueve el arroyo la aceña.
Suenan bronces sanadores tan lentos como los mansos.
Yo no recuerdo si fue una seda de tristeza
la que ardió en los andenes de la noche.
Vestida de mujer, la noche tiene la estatura de las violas.