danie
solo un pensamiento...
Escucho el lamento araucano bajando de los cerros,
incitando al roció de las húmedas ababoles
para que se deshojen en súplicas
y contemplen los llantos de un desconsolado cielo;
mirando al horizonte diviso a un ocaso bautizado
con las lágrimas de un triste y precario pasado,
observo un reflejo de mí mismo
sobre las turbias y ensangrentadas aguas,
sobre las raíces de un linaje quemado,
sobre los alerces y las coníferas deforestadas
y sus restos exhumados por la espada gélida
que habito las planicies y sus estepas
y desvirgo la toga mapuche de la inocencia.
Las memorias de un histórico epítome
y sus marcas en las araucarias agonizantes
son los rastros que manchan mi seudónimo
y avergüenzan la razón;
hijo de la borrasca y el rencor expansivo,
fruto de una sangrienta colonización
¡Ya no hay lugar en el terruño para la piel mestiza
o para el llanto de una región!
El río luengo se extiende
sobre la tierra y su lesión,
ahogando a la menesterosa sangre derramada
y tapando la luz de un territorio;
para que nunca más nadie lo conozco y lo hiera.
Por fin llegó la lluvia para bañar el despojo
de la autóctona civilización,
dejando en el olvido el paisaje de un ayer importunado,
sobre un amor insufrible por una tierra desolada y percudida,
sobre un amor insufrible por una tierra desolada y percudida,
sepultando las cruces y sus tumbas
que ya son la única panorámica visible
en la prolongación patagónica hasta el polo sur;
entre bosques carbonizados y hojas marchitas,
se oye al chamán en el eco del viento,
rezando en letanías por la Pachamama insufrible.
Última edición: