Unorthodox
Poeta recién llegado
No fue culpa mía todo lo enrostrado al día
y mientras más tiempo pasaba,
más delicado y fino se hizo tu mirar.
Cuando brotó el latido de dolores
perdí el juicio y desesperé,
fue un aluvión sepultándome,
quebrándome hasta el último hueso.
Pasados los años y pesado el tiempo;
acostumbrado a la tumba de barro,
escuché el silencio del desierto.
Quizá las plumas de un rapaz
que cortaban el viento
y que a lo lejos observaba mi deceso.
Acepté mi destino,
y cuando alegre divisé los rosales,
sentí que la muerte dio un giro inesperado.
Una fina mano entró en juego:
cálida como el magma
comenzó a atravesar mi piel;
inyectando sus dedos como agujas,
tomando mi corazón ya sin sangre,
desgarrando con fuerza cada arteria.
Y otra vez la sinapsis,
dolorosa y cargada en recuerdos.
Sin alma, sin amor, solo conciencia, solo razón.
Velos negros, llora mares
hasta despertar al pensante.
Nada dejaste en mí del verdadero.
Ingeriste mi néctar esencial,
para apresar mis sentimientos…
y mientras más tiempo pasaba,
más delicado y fino se hizo tu mirar.
Cuando brotó el latido de dolores
perdí el juicio y desesperé,
fue un aluvión sepultándome,
quebrándome hasta el último hueso.
Pasados los años y pesado el tiempo;
acostumbrado a la tumba de barro,
escuché el silencio del desierto.
Quizá las plumas de un rapaz
que cortaban el viento
y que a lo lejos observaba mi deceso.
Acepté mi destino,
y cuando alegre divisé los rosales,
sentí que la muerte dio un giro inesperado.
Una fina mano entró en juego:
cálida como el magma
comenzó a atravesar mi piel;
inyectando sus dedos como agujas,
tomando mi corazón ya sin sangre,
desgarrando con fuerza cada arteria.
Y otra vez la sinapsis,
dolorosa y cargada en recuerdos.
Sin alma, sin amor, solo conciencia, solo razón.
Velos negros, llora mares
hasta despertar al pensante.
Nada dejaste en mí del verdadero.
Ingeriste mi néctar esencial,
para apresar mis sentimientos…