Yo Aurelio
Poeta recién llegado
Todos llevamos un suicida en la piel,
todos alguna vez hemos amortajado un muerto,
un sueño,
un amor desgastado y putrefacto,
antes de continuar muriendo.
Todos tenemos en la piel astillas de desaires,
dolores de parto, algún pecado inconfesable,
ganas contenidas.
Y es que al estar hechos del mismo barro
todos somos demonios, asaltantes,
onanistas a hurtadillas
y vamos llenando los confines de la noche
con el vomito de nuestras mentiras.
Todos miramos el reloj con prisa
y nos miramos inmortales en la sombra de una estrella,
somos polvo de cloaca,
sangre presa, casta que quiere ser divina.
Todos tenemos caspa en las entrañas,
un armazón de huesos,
un lupanar a oscuras en donde guarecernos
tras acabar el día;
promesas incumplidas, aranas convincentes,
sustantivos veleidosos
y un crimen bajo el colchón de alguna cama distendida.
Amigo lobo que come frutas a escondidas.
Todos somos hijos de suicidas,
y vamos escondiendo los miedos en conquistas cotidianas,
el pan en la mesa,
la hembra saciada,
el hambre homicida.
Todos somos papeles anónimos,
letras escarlatas.
Agua que pocas veces llega al mar de lo preciso.
Como osos clandestinos seguimos nuestro deceso
a escondidas.
todos alguna vez hemos amortajado un muerto,
un sueño,
un amor desgastado y putrefacto,
antes de continuar muriendo.
Todos tenemos en la piel astillas de desaires,
dolores de parto, algún pecado inconfesable,
ganas contenidas.
Y es que al estar hechos del mismo barro
todos somos demonios, asaltantes,
onanistas a hurtadillas
y vamos llenando los confines de la noche
con el vomito de nuestras mentiras.
Todos miramos el reloj con prisa
y nos miramos inmortales en la sombra de una estrella,
somos polvo de cloaca,
sangre presa, casta que quiere ser divina.
Todos tenemos caspa en las entrañas,
un armazón de huesos,
un lupanar a oscuras en donde guarecernos
tras acabar el día;
promesas incumplidas, aranas convincentes,
sustantivos veleidosos
y un crimen bajo el colchón de alguna cama distendida.
Amigo lobo que come frutas a escondidas.
Todos somos hijos de suicidas,
y vamos escondiendo los miedos en conquistas cotidianas,
el pan en la mesa,
la hembra saciada,
el hambre homicida.
Todos somos papeles anónimos,
letras escarlatas.
Agua que pocas veces llega al mar de lo preciso.
Como osos clandestinos seguimos nuestro deceso
a escondidas.