Menudo tema el que encaras en este soneto en alejandrinos, estimado Rafael. No es, a mi juicio, para nada fácil. ¿Dónde, cuándo termina la intimidad de la pareja? Hoy día se ha resquebrajado la concepción de la pareja «para siempre», pero aún la sociedad no termina de adaptarse a este indudable progreso y el separarse muchas veces es, por razones económicas y otras, el inicio de un difícil calvario. La violencia muchas veces fue, y es, parte de la relación sexual (como lo insinúas en el segundo cuarteto); y el goce no suele ser solo el sádico goce del verdugo, también hay el masoquismo, también hay la palabra hiriente de desprecio que provoca la violencia, que se complace en rebajar a la pareja a su condición de verdugo amante. Levantar la cortina es violar el pacto de la pareja, ventilar públicamente la intimidad, buscar el camino para la separación, que suele ser sin retorno.
Estoy totalmente de acuerdo con tu mensaje, no es que le ponga peros, solo quiero mostrar una dimensión que, en aras de la corrección política de la hora, muchas veces se oculta: la violencia en las parejas es un fenómeno de una gran complejidad psicológica. ¿Inaceptable? Sí, inaceptable: es degradante para ambos miembros de la pareja. Ojalá pronto el progreso social termine con esta costumbre de mantener unidas a las parejas que han perdido el sano y mutuo deseo que las unió, y el sano y mutuo respeto; hoy, todavía abundan los argumentos de «lo hago por los niños», «cuando no bebe es un ángel», «nos amábamos tanto», etcétera, etcétera. Triste realidad.
He restringido mi comentario a lo que creo que es el tema de tu soneto, el tema de esta violencia de pareja que casi llamaríamos «normal» por lo común: otro asunto sería hablar de psicópatas que llegan al femicidio, por ejemplo. Personalmente creo que son casos cualitativamente distintos.
abrazo
Jorge