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Leyenda de un crimen horrendo

Tema en 'Prosa: Cómicos' comenzado por Pessoa, 26 de Mayo de 2020. Respuestas: 0 | Visitas: 63

  1. Pessoa

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    LEYENDA DE UN CRIMEN HORRENDO.


    Debió ocurrir hace muchísimo tiempo, tanto que ya no queda nadie que pueda aseverar que él o alguien muy próximo a él conocieron los hechos de primera mano. tampoco queda información escrita en los escasos y rudimentarios periódicos de épocas pasadas. pero lo cierto es que, saturada de añadidos novelescos, tergiversada en sus raíces y condimentada con las salsas en las que la tradición oral cuece el imaginario colectivo, ha llegado hasta nosotros la tremebunda historia del crimen de la coronilla.

    Alguien puede pensar, de primera mano, que el complemento circunstancial se corresponde al de algún topónimo, al nombre del lugar donde se cometió el horrendo crimen. Pues no; simplemente, y esto es algo que hace aún más horrible la historia, es la zona del cráneo en la que la tonsura eclesial deja un llamativo circulito rapado, el distintivo que identifica la condición sagrada, de ministro divino, de quien lo ostenta. Aquí el conspicuo lector se empieza a preguntar, impaciente, por las razones de este anómalo calificativo. A eso vamos.

    Pero antes he de dejar constancia que aquel crimen nunca fue esclarecido; quedó en el abajadero donde se localizó el cadáver de la desgraciada víctima, y con él, y a su trágica sombra, como ababoles que fuesen las gotas imperecederas de la sangre del occiso (sic) nació la leyenda macabra y sus derivaciones más o menos espurias. por eso los diferentes autores que han prolongado y dado pábulo a tan desgraciado suceso incurren en continuas contradicciones, interpretaciones absurdas y nadie se ha aproximado a un mínimo rigor histórico sobre la realidad del asunto.

    La información que quiero trasladarles, sin ninguna especial garantía de autenticidad, es la recopilación puntual y precisa, en la medida en que precisas puedan ser este tipo de fuentes populares, que ha llegado hasta la persona de mi entorno familiar más creíble, más documentada, mejor conocedora de las fábulas, mitos y tradiciones que son el acervo de esa clase media provinciana, que sin los medios técnicos actuales (televisión, internet, etc.) tenían que cuajar las eternas tardes de otoño e invierno con las narraciones, dramatizaciones casi, que de los hechos, generalmente luctuosos, estaban tan generosamente provistas sus mentes; verdaderos archivos vivientes, a los que bien puede perdonárseles algunas imprecisiones o aditamentos folclóricos en sus exégesis. era, no me demoro más, la tía Jacinta, personaje entrañable donde los haya, sobre el que no puedo explayarme ahora por las circunstancias espacio-temporales que ustedes conoceis. pero algún día la traeré como protagonista principal.

    Ahora debo de centrarme en la historia del horrible crimen de la coronilla, para evitar que mis improbables lectores acaben hasta la idem de todos estos prolegómenos. Pues según la versión de los hechos que daba la tía Jacinta sin que se le moviesen las pestañas -insisto, sin la menor justificación documental que acredite la veracidad de su relato- el asunto atañe a un cierto presbítero, o tal vez canónigo, puede que arcipreste, en cualquier caso con una evidente coronilla que lo denunciaba como perteneciente al clero oficial.

    Claro, esta circunstancia impide la exhumación rigorosa de los antecedentes; todo son habladurías. se dice que si una mendiga a quien el clérigo favorecía con sus dádivas, recibiendo a cambio los generosos dones del cuerpo, al parecer agraciado, de la interfecta; otros dicen que si una maritornes que el tonsurado ocupaba en calidad de sobrina para realizar las faenas domésticas y otras de mayor enjundia, supuestamente nocturnas, es decir, con el agravante de ser trabajos no remunerados y fuera del horario legal. Los hay, en fin que atribuyen los hechos a una cierta meretriz, con ínfulas de cortesana, que frecuentaba, siempre supuestamente, el confesonario del mosén en lo que el vulgo, sobre todo el beaterío que permanecía en la seo a esas horas erráticas, atribuía a una taimada maniobra para establecer ilícitas citas para el concurso carnal y nunca para la redención de los pecados de ambos.

    Pero he de acabar y la simple enunciación de todos los chismorreos al respective harían de este relato un espantajo insufrible, impublicable ni siquiera en el modesto ámbito de nuestro querido foro. Ah, queda por dilucidar quien y porqué y, sobre todo, en quién se perpetró el horripilante homicidio, tal vez asesinato. Si alguien tiene alguna información que permita el esclarecimiento del asunto puede dirigirse a “http://tiajacinta.com”, quien le agradecerá, sin retribución pecuniaria alguna, cualquier testimonio o confidencia que lleve a descargar a mi pueblo de tan oneroso legado del pasado. Gracias en su nombre.
     
    #1

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