L'homme armé
inundas con tu nombre
mi ineficaz epíclesis nocturna.
Si escalo el cielo en transgresión de luna,
tu presencia de aladas cordilleras
asciende como aroma de los campos
con diminuta vocación de estrella
o brújula sin norte.
Si bajo hasta el abismo
te revuelves tectónica en mi pecho
-glaciar fosilizado,
helado pensamiento-
honda, lenta, a tu ritmo,
volcánica tensión que impido en vano.
Y entonces -sólo entonces,
un deshielo de roca
por las cumbres y aristas-
todo un manto de nieve se retira
por heridas, por valles
-su lazarillo, el hambre
de cuerpo ansiando forma-
dejando ver un cielo en vez de un monte
por el límite azul del horizonte.
¡Sierra Nevada entera
desnuda para ti fue primavera!
Entre cuatro paredes
-norte, sur, este, oeste-
el óxido florece en la armadura;
de herrumbre cano el yelmo,
mapa es del corazón que disimula
metálicos reflejos
mientras pasan las horas de tu aliento;
las articulaciones
-siglos ha silenciosas
de otros tiempos mejores-
vibran al eco de tu voz canora.
¡Lúbrica primavera,
y no invierno enemigo,
parece rumorear vida en lo inerte!
Y fue sólo por verte
que, cárcel a la vez y prisionera
de la avecilla que trinó contigo
por el vientre futuro de la aurora,
mi armadura, resuelta en carne ahora,
ante ti, majestad, ya no es barrera.
¡Aquí me tienes, vulnerable roca
a la erosión expuesta de tu boca
y a la fracción helada de tus besos!
Desde el orto del sol hasta su ocaso
inundas con tu nombre
mi ineficaz epíclesis nocturna.
Si escalo el cielo en transgresión de luna,
tu presencia de aladas cordilleras
asciende como aroma de los campos
con diminuta vocación de estrella
o brújula sin norte.
Si bajo hasta el abismo
te revuelves tectónica en mi pecho
-glaciar fosilizado,
helado pensamiento-
honda, lenta, a tu ritmo,
volcánica tensión que impido en vano.
Y entonces -sólo entonces,
un deshielo de roca
por las cumbres y aristas-
todo un manto de nieve se retira
por heridas, por valles
-su lazarillo, el hambre
de cuerpo ansiando forma-
dejando ver un cielo en vez de un monte
por el límite azul del horizonte.
¡Sierra Nevada entera
desnuda para ti fue primavera!
(L'homme armé es una antigua canción renacentista:
https://es.wikipedia.org/wiki/L'homme_armé
)
Que chascun se viengne armer
d'un haubregon de fer.
Desde el orto del sol hasta su ocasod'un haubregon de fer.
inundas con tu nombre
mi ineficaz epíclesis nocturna.
Si escalo el cielo en transgresión de luna,
tu presencia de aladas cordilleras
asciende como aroma de los campos
con diminuta vocación de estrella
o brújula sin norte.
Si bajo hasta el abismo
te revuelves tectónica en mi pecho
-glaciar fosilizado,
helado pensamiento-
honda, lenta, a tu ritmo,
volcánica tensión que impido en vano.
Y entonces -sólo entonces,
un deshielo de roca
por las cumbres y aristas-
todo un manto de nieve se retira
por heridas, por valles
-su lazarillo, el hambre
de cuerpo ansiando forma-
dejando ver un cielo en vez de un monte
por el límite azul del horizonte.
¡Sierra Nevada entera
desnuda para ti fue primavera!
Entre cuatro paredes
-norte, sur, este, oeste-
el óxido florece en la armadura;
de herrumbre cano el yelmo,
mapa es del corazón que disimula
metálicos reflejos
mientras pasan las horas de tu aliento;
las articulaciones
-siglos ha silenciosas
de otros tiempos mejores-
vibran al eco de tu voz canora.
¡Lúbrica primavera,
y no invierno enemigo,
parece rumorear vida en lo inerte!
Y fue sólo por verte
que, cárcel a la vez y prisionera
de la avecilla que trinó contigo
por el vientre futuro de la aurora,
mi armadura, resuelta en carne ahora,
ante ti, majestad, ya no es barrera.
¡Aquí me tienes, vulnerable roca
a la erosión expuesta de tu boca
y a la fracción helada de tus besos!
Desde el orto del sol hasta su ocaso
inundas con tu nombre
mi ineficaz epíclesis nocturna.
Si escalo el cielo en transgresión de luna,
tu presencia de aladas cordilleras
asciende como aroma de los campos
con diminuta vocación de estrella
o brújula sin norte.
Si bajo hasta el abismo
te revuelves tectónica en mi pecho
-glaciar fosilizado,
helado pensamiento-
honda, lenta, a tu ritmo,
volcánica tensión que impido en vano.
Y entonces -sólo entonces,
un deshielo de roca
por las cumbres y aristas-
todo un manto de nieve se retira
por heridas, por valles
-su lazarillo, el hambre
de cuerpo ansiando forma-
dejando ver un cielo en vez de un monte
por el límite azul del horizonte.
¡Sierra Nevada entera
desnuda para ti fue primavera!
(L'homme armé es una antigua canción renacentista:
https://es.wikipedia.org/wiki/L'homme_armé
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