Ronald Bonilla Carvajal
Poeta recién llegado

No es sólo de tu nombre
que he vivido estos meses:
A veces tus ojos hendían
sus aguijones por el estupor
del alba en mis cobijas.
A veces tus piernas me rozaban, imprecisas,
bajo la niebla queda
que la lámpara ciega nos convoca.
A veces tus manos como cuencas frescas
me besaban
con infinita sed de augurios,
y tus palabras devenían
huyendo de sus propios contornos asediados,
martillaban mis versos antes de danzar,
desnudas ocarinas.
A veces tu sombra en mis costados,
tu embrujo se acicalaba conmigo
y tras cómplices espejos
me develaba la noche.
Y a veces llegaste y me reñiste y me besaste,
y te subiste a las mieles con albricias,
desvanecida en mis almohadas.
Y a veces
de nuevo como ayer,
con los pies pequeños sobre el dash de mi autor
y las faldas largas,
fuimos cantando
entre las arboledas dispuestas del camino
a un sueño de pinceles casi tuyos.
No sólo tu nombre de cien formas
me ha dado esta respiración angulada,
este embeleso
que baja de mi muerte más cercana,
cruza y cercena
ese monte en su trono asentado
sobre orillas de frío,
y te atraviesa las paredes
hasta ser también tu éxtasis,
tu flor sorbida
por este espasmo de lujuria
ante el poniente.
que he vivido estos meses:
A veces tus ojos hendían
sus aguijones por el estupor
del alba en mis cobijas.
A veces tus piernas me rozaban, imprecisas,
bajo la niebla queda
que la lámpara ciega nos convoca.
A veces tus manos como cuencas frescas
me besaban
con infinita sed de augurios,
y tus palabras devenían
huyendo de sus propios contornos asediados,
martillaban mis versos antes de danzar,
desnudas ocarinas.
A veces tu sombra en mis costados,
tu embrujo se acicalaba conmigo
y tras cómplices espejos
me develaba la noche.
Y a veces llegaste y me reñiste y me besaste,
y te subiste a las mieles con albricias,
desvanecida en mis almohadas.
Y a veces
de nuevo como ayer,
con los pies pequeños sobre el dash de mi autor
y las faldas largas,
fuimos cantando
entre las arboledas dispuestas del camino
a un sueño de pinceles casi tuyos.
No sólo tu nombre de cien formas
me ha dado esta respiración angulada,
este embeleso
que baja de mi muerte más cercana,
cruza y cercena
ese monte en su trono asentado
sobre orillas de frío,
y te atraviesa las paredes
hasta ser también tu éxtasis,
tu flor sorbida
por este espasmo de lujuria
ante el poniente.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE,
Editorial de la UNED, 2008.