cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caminaste ligera entre odas sordas
a la par de miradas perdidas,
gozando de gran algarabía
entre lobos rapaces, sedientos cual sequia.
Cabalgas a pelo limpio
las llanuras de mármol y granito
y con gran soltura dejas tus pechos
batirse a muerte con el frio.
Usas de escudero el antifaz siempre siniestro
que guardas tras aljibes de terciopelo
caminando de puntillas
con tacones semi descubiertos.
Un cigarro y una mirada,
un beso perdido en el firmamento;
un suplicio, una palabra,
un desdén que te lleva lejos.
¡Mujer! ¿Que fue de tu infancia?
¿En donde quedo la inocencia?
¿Quien ultrajo la mirada?
Dime ¿Quien abuso de la ilusión?
¿Quien arremetió con la palabra?
Quimera de alas negras,
que vuelas sola en el confín de tus silencios;
muestras favor con sonrisas pasajeras
y es la vida, la que azota tus más grandes deseos.
a la par de miradas perdidas,
gozando de gran algarabía
entre lobos rapaces, sedientos cual sequia.
Cabalgas a pelo limpio
las llanuras de mármol y granito
y con gran soltura dejas tus pechos
batirse a muerte con el frio.
Usas de escudero el antifaz siempre siniestro
que guardas tras aljibes de terciopelo
caminando de puntillas
con tacones semi descubiertos.
Un cigarro y una mirada,
un beso perdido en el firmamento;
un suplicio, una palabra,
un desdén que te lleva lejos.
¡Mujer! ¿Que fue de tu infancia?
¿En donde quedo la inocencia?
¿Quien ultrajo la mirada?
Dime ¿Quien abuso de la ilusión?
¿Quien arremetió con la palabra?
Quimera de alas negras,
que vuelas sola en el confín de tus silencios;
muestras favor con sonrisas pasajeras
y es la vida, la que azota tus más grandes deseos.