Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LIBERTAD
Nadie mira en mi mano perdidos horizontes descorrerse.
La respuesta habita mas allá del paisaje que desgasta sus filos
entre amnésicas maneras de botellas.
Todo aísla su alcanfor de esa costra pesarosa que aniquila
baldes enchutados con albúminas,
rastros de pájaros que la niebla desdobla en una playa desértica.
Nadie asoma, ni cavila.
En esta reunión un golpe es sinecura
un cartapacio es callejón fúnebre de gritos
un reguero de escarcha es la subida a trancos
a esa loma donde la arcilla gime
en sus capillas de tristeza.
Pero nadie es libre
nadie escapa de los roperos
donde ausencia y prolijidad se dan la mano
y mancilla la carne esa veta de resequedad
que colorea los ojos
y desarma reveses en alquileres de paso.
¿Por qué éste tiempo y nadie baila
la desnuda égloga del viento?
¿Por qué la simiente no penetra hasta la cal
y sobreabunda la jactancia en los silencios?
Se es libre en la medida que se muere
y muriendo logra destejer esas madejas
que atan el desespero
y no nos dejan despidir de las cosas
de su empecinamiento efímero de brisa.
Nadie está muriendo ahora en la antesala de la vida.
Noche que cae ya sobre la prisión de una sangre innumerable.
Nadie mira en mi mano perdidos horizontes descorrerse.
La respuesta habita mas allá del paisaje que desgasta sus filos
entre amnésicas maneras de botellas.
Todo aísla su alcanfor de esa costra pesarosa que aniquila
baldes enchutados con albúminas,
rastros de pájaros que la niebla desdobla en una playa desértica.
Nadie asoma, ni cavila.
En esta reunión un golpe es sinecura
un cartapacio es callejón fúnebre de gritos
un reguero de escarcha es la subida a trancos
a esa loma donde la arcilla gime
en sus capillas de tristeza.
Pero nadie es libre
nadie escapa de los roperos
donde ausencia y prolijidad se dan la mano
y mancilla la carne esa veta de resequedad
que colorea los ojos
y desarma reveses en alquileres de paso.
¿Por qué éste tiempo y nadie baila
la desnuda égloga del viento?
¿Por qué la simiente no penetra hasta la cal
y sobreabunda la jactancia en los silencios?
Se es libre en la medida que se muere
y muriendo logra destejer esas madejas
que atan el desespero
y no nos dejan despidir de las cosas
de su empecinamiento efímero de brisa.
Nadie está muriendo ahora en la antesala de la vida.
Noche que cae ya sobre la prisión de una sangre innumerable.
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