Libertad Humana
Libertad, emblema humano
capitulo elocuente del nuevo siglo.
Curtido hablar de jóvenes,
tatuadas en los ojos, en el totten del alma
el las ganas de alcanzar primero la aventura
la diferente anulidad de la pureza,
la malsana costumbre de beber alcohol, hierba,
y te sueltas, Como si fuera una costumbre,
rastreas mi hombre, lo besas.
Mítica,
la forma de incrustar laminas en tu piel,
en tus músculos del rostro,
que congelan con el frío lo duro del metal,
la pureza del mirar, tu recuerdo, ayer niña.
Y te increpan,
los viejos forajidos, quizá tus padres
los licuados cerebros enjaulados, en los años.
y sientes que no los has vivido nada…lejanía,
la que electrocutan tu sien, por la miseria,
tus misterios bien guardados.
Designaron la morada, viviendo a sobre saltos
los analépticos, los anémicos fumadores,
que enfurecen al saltar y beber
la leche de los niños.
Te levantas, temiendo enfrentar un nuevo día
un nuevo orar del padre, la ensalada de brócoli
el resondrón del longevo maestro, a quien le vez
en algún abismo, solo, agusanado, suplicando
el perdón del sabio vivir, el de los tuyos,
de los que dialogan, fustigan,
y viven en libertad demonial.
Y te sientas a la derecha, mirando a Belcebú
el arrullador, el parido y negado por el sacristán
por la sociedad que te lleva a matar, a degollar,
como si fuera un camino frecuente, en el rocío del llanto
de Gabriel, por hacerlo un tonto,
un esperma fallido de dios,
del que alimenta las fieras y recoge
los cuajos de sangre, los pedazos de hombres
laminados, dislocados.
Y te alimentas con hojuelas de maíz,
bebes leche de tus críos, sin reflexión,
empeñado en trajinar en la calle como un hombre.
Y tú mujer,
sintiendo el alimento en tus senos, lo niegas,
así como lo hace tu vagina,
al encontrar la dignidad
en el gen que necesitas.
Elucubras el cambio, reverberando un nuevo ser,
de risa inmensa, de rojiza piel,
de colmillos prehistóricos, y se pueda defender
pueda alzar vuelo, pueda rugir y paralizar
a los despiadados, a los recolectores de hombres
a los enviados por él.
Y no te entienden, buscas en las sanguijuelas
aletargar la putrefacción de tu cuerpo,
succionan, exploran, los dejas,
los alimentas, que vivan
y extraigan el exceso de sangre muerta,
las bacterias de la descomposición.
Tendida, por días en el nuevo mundo
saboreando el nuevo alimento, la forma sana de parir
de entender a los degolladores, a los santos,
a los frenéticos intentos del hombre de subir,
de copular, en los estigmas de la vida…y ríes
lubricas nuevamente tu cuerpo, te entregas,
mañana será un mejor día.
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