Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Entre cuántos acentos estaré
perdida?. Yo me fijo en los zapatos
de los demás por que se ven las
mantís religiosas copulando con
lombrices de aguas dulces, tan
dulces como las cañas de los
muertos y los ojos de azahar.
La ciudad está despintándose
pues ha vuelto del trabajo y se
pone gotas en los ojos para
los tulipanes teñidos de rojo
y para que el amor la encuentre
bonita, radiante... Humillada.
Y los lavabos se ponen decoraciones
de metales antiguos, como de los
años cincuentas, como de las
otras épocas ya muy pasadas de
moda, sacan sus trapos revueltos
con las zapatillas acartonadas, se
ponen los cepillos abiertos, con
imágenes no inmaculadas.
Ahí se oyó, ahí soñé, cuando me
dolía la cabeza por el gusano transparente
que yace por las arterias, yo me
asusté un poco, yo me asomé un poco
ahí estaba, echado boca abajo, junto
a su amigo que le hablaba, pero ya
no respondió por que el hijo de alguien
le arrojó una fresa falsa, entonces
aquel murió, y le pusieron una sábana
blanca.
Los fríos cuajan las gelatinas moradas
que incuban a su vez, millones de cosas
el fracaso es un montón de células negras
desprendiéndose de los techos, de las paredes
con toda confianza... Con reverencia, con mala
educación y con dulces travesuras.
Es eso que se guarda en los cajones
viejos como valiosos libros de seda
para envolverse fielmente, el fracaso
es un frasco de café al revés, reposando
al sol en la azotea.
Y la vieja canción de desamor soltó un
grito con arena, balas de salva se arrodillaron
frente al paredón... Así como en ese
día lleno de risas, lágrimas, lamentos
cementos envueltos en madera.
El fracaso es un hombre esperando
una bruja, es una migraña que tiene
la esperanza de nunca volver a esa
cabeza, a esa frente, a ese ojo, a esos
labios gruesos. Es un torrente de nieve
que quiere ir al desierto.
Es una mujer ahuyentando mariposas
descalabradas en las escaleras
un encendedor rojo en la carretera
un viaje frustrado, un padre solitario
que ya no escucha música y que tiene
en su casa recuerdos y chatarra acumulados.
¡Qué sonoro se escucha el grito de la
selva!.
perdida?. Yo me fijo en los zapatos
de los demás por que se ven las
mantís religiosas copulando con
lombrices de aguas dulces, tan
dulces como las cañas de los
muertos y los ojos de azahar.
La ciudad está despintándose
pues ha vuelto del trabajo y se
pone gotas en los ojos para
los tulipanes teñidos de rojo
y para que el amor la encuentre
bonita, radiante... Humillada.
Y los lavabos se ponen decoraciones
de metales antiguos, como de los
años cincuentas, como de las
otras épocas ya muy pasadas de
moda, sacan sus trapos revueltos
con las zapatillas acartonadas, se
ponen los cepillos abiertos, con
imágenes no inmaculadas.
Ahí se oyó, ahí soñé, cuando me
dolía la cabeza por el gusano transparente
que yace por las arterias, yo me
asusté un poco, yo me asomé un poco
ahí estaba, echado boca abajo, junto
a su amigo que le hablaba, pero ya
no respondió por que el hijo de alguien
le arrojó una fresa falsa, entonces
aquel murió, y le pusieron una sábana
blanca.
Los fríos cuajan las gelatinas moradas
que incuban a su vez, millones de cosas
el fracaso es un montón de células negras
desprendiéndose de los techos, de las paredes
con toda confianza... Con reverencia, con mala
educación y con dulces travesuras.
Es eso que se guarda en los cajones
viejos como valiosos libros de seda
para envolverse fielmente, el fracaso
es un frasco de café al revés, reposando
al sol en la azotea.
Y la vieja canción de desamor soltó un
grito con arena, balas de salva se arrodillaron
frente al paredón... Así como en ese
día lleno de risas, lágrimas, lamentos
cementos envueltos en madera.
El fracaso es un hombre esperando
una bruja, es una migraña que tiene
la esperanza de nunca volver a esa
cabeza, a esa frente, a ese ojo, a esos
labios gruesos. Es un torrente de nieve
que quiere ir al desierto.
Es una mujer ahuyentando mariposas
descalabradas en las escaleras
un encendedor rojo en la carretera
un viaje frustrado, un padre solitario
que ya no escucha música y que tiene
en su casa recuerdos y chatarra acumulados.
¡Qué sonoro se escucha el grito de la
selva!.