Uqbar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Descalza cabe la chimenea
quemando mundos autorizados.
Sueña la piel con-fundirse entre las llamas
de ese gigante que camina
sin rumbo.
Calles desiertas,
abarrotadas de silencios.
Ha comenzado la noche en mi memoria.
Yaces,
apurando el último hálito de brisa nocturna
inerte a la esperanza
mientras,
una lágrima,
se asoma a tu sonrisa.
Me esfuerzo por mirar a través de tus ojos
pero ya sólo hay luz
suave, serena, eterna.
Mi mano no alcanza la tuya y te vas.
Ahora imagino,
sigo al gigante pétreo al par que,
seco,
mi corazón olvida su latido.
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