Salvatierra
Poeta recién llegado
Me hablas, sirena, de la calma
y susurras sin voz el sortilegio del alivio:
Pies descalzos, luz escasa, música baja,
heraldos de la piel al aire y las luces de artificio.
Te sonrojas en ideas de media luz, lo sé sirena,
y es entonces que me veo sujeto a tus hombros,
aferrado a ti como a la misma vida,
deslizado en un dedo sobre lo frágil de tus botones.
Y pienso que serás la más bella de la Evas,
desnuda, penetrada de colores, de óleo, de acuarela.
Será tu espalda mi lienzo durante la eternidad de mil segundos;
serás mi lienzo y después, galopante, sirena, serás el todo.
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