marquelo
Negrito villero
Camino por las calles y me encuentro
con todos los baches que son aire comprimido
de todos los zapatos impuestos a la voracidad
del tiempo en el bolsillo.
Giro
miro a mi alrededor alguna silueta de humo
que persigue el aliento del aire que sale a flote
y me pregunto si aqui, en Lima, construirán
el ventilador más grande del mundo
para avanzar hacia el último sudor de su calzada
y construir ahí una casita con esteras a manera de invasión
heroíca con mi bandera y empezar a vender agua
para limpiar arterias/ unguentos mágicos contra
la sequedad del beso o
simplemente
crucificarme en la pista para que todas las palomas
tengan de dónde impulsarse hacia el cielo.
La Lima que yo veo me recuerda a un juego de niños de barrio:
alegres, desordenados y mal vestidos
con un millón de madres gritándote que no seas palomilla
y vengas a comer inmediatamente.
Mientras una vocina me espera
doblando las esquinas más perfumadas por el smok/
mil voces de amante recien vestido en domingo después de la misa/
todos los etcéteras que arrastra el río Rimac
para terminar inhalando a toda Lima
como terokalero de la plaza San Martín
y disfrutar de toda su belleza ahogada en mis pupilas.