James Daniela
Poeta recién llegado
El creía que la libertad se encontraba en todo aquello que no tiene límites.
Que se encontraba en saltos sin barreras ni distancias.
En donde no sientes nada, sobretodo el miedo al riesgo, el vértigo a la caída.
Creía que podía mirar a la nada sin encontrar horizonte.
Dejarse llevar por el juego sin partida ni final.
Darle la vuelta a algo sin forma, sin peso, sin control.
Hacer de la nada, simplemente la nada misma y encontrar la paz en un fondo blanco sin sentido.
Creía que la libertad era tener las manos vacías.
Que le sobre el tiempo, mientras el volaba.
Que no importe distancia ni equilibrio, ni tampoco la razón; el quería lanzarse a la seducción de la libertad.
Por lo menos, esa que el creía que existía.
Y allí se encontraba pensando en el joven Ícaro, quien con sus alas logró volar.
Sí llego alto. Sí llego lejos. Alcanzo vuelo y partió.
Pero llegando al Sol ya no encontraba reversa.
¿Acaso pensó que no quemaría? Al contrario, el lo sabía.
Pero la ambición misma al hombre lo ahoga, y a este lo quemó.
Pensando en esta majestuosa tragedia, recordó que hay términos también en el cielo y va más allá del fuego, del ardor.
Si hasta en el cielo hay límites, ¿cómo no lo tendrá la libertad?
Que se encontraba en saltos sin barreras ni distancias.
En donde no sientes nada, sobretodo el miedo al riesgo, el vértigo a la caída.
Creía que podía mirar a la nada sin encontrar horizonte.
Dejarse llevar por el juego sin partida ni final.
Darle la vuelta a algo sin forma, sin peso, sin control.
Hacer de la nada, simplemente la nada misma y encontrar la paz en un fondo blanco sin sentido.
Creía que la libertad era tener las manos vacías.
Que le sobre el tiempo, mientras el volaba.
Que no importe distancia ni equilibrio, ni tampoco la razón; el quería lanzarse a la seducción de la libertad.
Por lo menos, esa que el creía que existía.
Y allí se encontraba pensando en el joven Ícaro, quien con sus alas logró volar.
Sí llego alto. Sí llego lejos. Alcanzo vuelo y partió.
Pero llegando al Sol ya no encontraba reversa.
¿Acaso pensó que no quemaría? Al contrario, el lo sabía.
Pero la ambición misma al hombre lo ahoga, y a este lo quemó.
Pensando en esta majestuosa tragedia, recordó que hay términos también en el cielo y va más allá del fuego, del ardor.
Si hasta en el cielo hay límites, ¿cómo no lo tendrá la libertad?