Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quisiera remover nuestra ausencia de un solo tajo,
atraparla con mis manos y transformarla
en la confianza de quien tiene a la luz de su lado.
Ponerla en un rincón y esperar nunca tener que necesitarla.
Vaciar los cajones de fotografías y memorias viejas.
Verlas contigo, desechar las que ya no sirven
y recuperar los colores de las que nos unen.
Despojarlas del futuro pospuesto que somos.
Quisiera ver como viaja la luz en el piso de nuestro pasado,
Comprobar que estuviste ahí, que seguirás aquí.
Quitar nuestro nombre de la lista de pendientes
y redecorar el ambiente con la rutina de quien ha hallado su hogar.
Dejar de maniobrar entre el por qué y para qué del vacío que dejaste,
permitir que los parpados se liberen del peso del recuerdo.
Dejar que las esperas se extingan, que vean que los sentidos se alejan,
que ya no hay voluntad ni fuerza para el regreso.
Quisiera que nuestras manos tocaran nuestro rostro
para poder reconocernos y descubrirnos de nuevo.
Decirte que el exilio que éramos ya no existe
y que el tiempo no supo de lo que ha pasado.
Mostrarte el calendario de los días que hemos reservado,
quitarte la tristeza de los ojos y la pena de tu espalda.
Lavar todas las dudas de tu cuerpo y retirar lo amargo de tu lengua,
limpiar tus oídos del silencio y quitar la sensación de extravío de tus pies.
Ponerte algo de vida en los ojos y en los labios.
Pero ya no estás.
atraparla con mis manos y transformarla
en la confianza de quien tiene a la luz de su lado.
Ponerla en un rincón y esperar nunca tener que necesitarla.
Vaciar los cajones de fotografías y memorias viejas.
Verlas contigo, desechar las que ya no sirven
y recuperar los colores de las que nos unen.
Despojarlas del futuro pospuesto que somos.
Quisiera ver como viaja la luz en el piso de nuestro pasado,
Comprobar que estuviste ahí, que seguirás aquí.
Quitar nuestro nombre de la lista de pendientes
y redecorar el ambiente con la rutina de quien ha hallado su hogar.
Dejar de maniobrar entre el por qué y para qué del vacío que dejaste,
permitir que los parpados se liberen del peso del recuerdo.
Dejar que las esperas se extingan, que vean que los sentidos se alejan,
que ya no hay voluntad ni fuerza para el regreso.
Quisiera que nuestras manos tocaran nuestro rostro
para poder reconocernos y descubrirnos de nuevo.
Decirte que el exilio que éramos ya no existe
y que el tiempo no supo de lo que ha pasado.
Mostrarte el calendario de los días que hemos reservado,
quitarte la tristeza de los ojos y la pena de tu espalda.
Lavar todas las dudas de tu cuerpo y retirar lo amargo de tu lengua,
limpiar tus oídos del silencio y quitar la sensación de extravío de tus pies.
Ponerte algo de vida en los ojos y en los labios.
Pero ya no estás.
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