Ronald Bonilla Carvajal
Poeta recién llegado
Después de ti,
llegó esta luna
doblada por la inconsistencia.
Se hizo mi ciudad de cuestas,
farallones de eneros ominosos.
Se hizo mi ciudad de sequedad,
de viejos regaños y reclamos.
Después me puse la corbata,
aquella desdichada por sus bordes azules,
heredad del otrora,
ejecutiva de afanes no saciados.
Salí a empujar los pedales de la ira
que después derivó en indiferencia.
La luna oscura
y también los ojos amarillos de mi gato
que rasga acompasado las cobijas,
insisten en llamarte...
Para cuando acuclillada, sobre mi cabeza,
pusiste tu entrepierna,
y mis labios y la lengua convocaron con furor
espasmos y torrentes.
para entonces,
curvatura del dorso sostenida por mis manos,
tu ciudad de delirios que da vuelta
para besar y succionar
el mástil de la vida;
para entonces ya no había fronteras,
ni aquí ni acullá,
ni nunca olvido,
solo ojos para siempre,
traslúcidos,
capaces de develar la infinitud,
luna llena y rotunda
para el amanecer.
llegó esta luna
doblada por la inconsistencia.
Se hizo mi ciudad de cuestas,
farallones de eneros ominosos.
Se hizo mi ciudad de sequedad,
de viejos regaños y reclamos.
Después me puse la corbata,
aquella desdichada por sus bordes azules,
heredad del otrora,
ejecutiva de afanes no saciados.
Salí a empujar los pedales de la ira
que después derivó en indiferencia.
La luna oscura
y también los ojos amarillos de mi gato
que rasga acompasado las cobijas,
insisten en llamarte...
Para cuando acuclillada, sobre mi cabeza,
pusiste tu entrepierna,
y mis labios y la lengua convocaron con furor
espasmos y torrentes.
para entonces,
curvatura del dorso sostenida por mis manos,
tu ciudad de delirios que da vuelta
para besar y succionar
el mástil de la vida;
para entonces ya no había fronteras,
ni aquí ni acullá,
ni nunca olvido,
solo ojos para siempre,
traslúcidos,
capaces de develar la infinitud,
luna llena y rotunda
para el amanecer.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 200
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